Ingravidez: Cualidad de un cuerpo que no está sometido a la fuerza de gravedad. Este es el adjetivo que describe al grupo que venimos a recomendar hoy, un dúo conformado por Ariel H. Ruin y Mir Nicolás, representantes de la localidad de Pablo Podestá, del partido bonaerense de Tres de Febrero. Sinónimo de levedad, liviandad y ligereza podemos presumir que se persigue una idea de libertad, de desapego de lo terrenal quizá, o de alguna elevación personal. Aunque el titulo nos aleja un poco de la esa pureza…

La Ciencia de las Malas Mañas” vio la luz el pasado 23 de febrero de este año en el propio canal de Youtube del grupo, dura un poquito más de media hora y consta de una intro y 10 temas. De estos, 6 son del dúo, incluido el track donde comparten pista con Homer y también hay dos temas de Mir en solitario. Los ritmos fueron hechos en su mayoría mano a mano entre Javi Prod y Voyager, el pseudonimo beatmaker del propio Nicolás.

Viendo la tapa, hecha por Valkan Art, nos encontramos con letras futuristas para el nombre del squad, hay un logo a su izquierda que juega con la geometría de distintos tamaños de óvalos y combinado con el gris azulado que predomina en toda la tapa nos deja una sensación bastante espacial. Esta sensación, a su vez, choca con una fotografía casera que es medio engañosa, pareciera que Ruin está rapeando mientras Mir está cerrando los ojos, casi flotando, mientras que de fondo hay una bandera de Podestá. Pero no, no hay micrófono en la mano del Ruin, y no está Flotando Mir, ambos están acostados, tirados sobre una de las tantas estrellas típicas de calle Corrientes, y como no podía ser de otra forma sobre la estrella de Pablo Podestá, quien fue un actor uruguayo de fines del siglo XIX y principios del siglo XX y es reconocido como uno de los fundadores del circo criollo.

Prestando atención a la parte compositiva, en líneas generales, y dejando de lado algún tema que pueda ser mas sentimental, el disco está hecho a base de samples tensionantes, pitidos inquietantes y batas no tan fuertes sino más bien claras. Las voces también suenan claras, decididas y sin necesidad de ser invasivas para dar el mensaje, no se alteran, van acompañadas de seguridad y precisión que refleja poder. Todo esto, genera un clima oscuro, quizá maligno, un ambiente no apto para débiles donde los fuertes imperan.

Un tema en particular llamó mi atención. El track titulado “Mira mis pies” prácticamente no tiene batería, apenas tiene la función de marcar el tempo de lejos, me recordó a un par de temas de TyK en los cuales rapea sobre una percusión de salsa. En este estilo, llamémosle drumless (sin batería), si bien los demás instrumentos cobran protagonismo, es la habilidad del rapero  la que marca el tempo, el MC queda prácticamente a capella y en primer plano, por lo que está obligado a demostrar su habilidad y fluidez sin perder el compás ni esconderse entre la pista. Todavía es muy temprano para decir si se trata de una tendencia o una mera casualidad, hay que seguirlo de cerca, pero sin duda sería algo muy interesante para la escena si llega a darse así, porque no solo es un reto musical sino que también requiere habilidad poética para mantener captada la atención del oyente.

En cuanto al sonido, en sentidos mas detallistas, el disco es muy sorprendente. Hoy en día no es tan fácil sonar como uno quiere, por cuestiones técnicas, más que nada acústicas, cada homestudio tiene su carácter distintivo, y eso está bueno, pero normalmente ese carácter es no deseado y puede arruinar por completo un proyecto. Partiendo desde este punto, ya es muy difícil lograr sonar bien de por sí, imagínense cuánto más puede ser sonar como uno quiere. Y esto es lo que lograron los pibes. Y no solo eso, se nota que hicieron la tarea y que estudiaron para saber como hacer que su música suene a la música que los inspira. Allá en los 90s no habían los mismos equipos que ahora, no habían softwares, todo era más limitado, y por eso es que el sonido tenía una firma particular. El sonido de hoy perdió esa firma, lo que antes se daba sin querer ahora hay que buscarlo. No hace falta conseguirse máquinas como la SP1200 o las MPCs que moldearon el sonido de la época, basta con estudiar sus limitaciones, tanto de calidad como creativas.

Cambiando el foco hacia las letras nos encontramos un relato west coast que pone los puntos en las ies marcando astucia y viveza. No va de moralista ni profeta. No busca tampoco ser políticamente correcto. Tiene la actitud de los pibes que no sucumben a la aceptación social y que, por el contrario, buscan ser el dominante más que el dominado en un mundo freudiano. Un estilo de vida, el de las malas mañas.

OUTRO

Por último mencionar que últimamente tocaron con artistas de renombre que visitaron Argentina, tales como la MDE click, Lil Supa y nada mas ni nada menos que Mobb Deep. Es de imaginarse que estos votos de confianza ganados anticipan un largo camino por delante para los pibes de Podestá.

Escuchá “La Ciencia de las Malas Mañas” acá

Por Santiago Sammartino (@samezoooo)