“Convida” de convidar. Busco en el diccionario la definición de este verbo y lo primero que me sale es: “Pagar a una persona algo que le resulta agradable en prueba de amistad o cortesía”. Me sorprende el “pagar” sinceramente. ¿No se puede solamente dar?. ¡¿No se puede regalar?! ¿Por qué “pagar”, querido diccionario? ¿Hasta a vos te hicieron creer que algo es a cambio de algo obligadamente?  O qué: ¿todo se satisface mediante una paga únicamente? ¿No se puede convidar simplemente sin tener que probar nada? Parece que convidar por el hecho de convidar es algo extraño hoy día. Parece que todo tiene que ser por algo a cambio. Demasiadas vueltas. Demasiada especulación. Demasiado de todo, escases de lo primordial.
Hecha la introducción paso formalmente a presentarles el disco “Convida” de nuestro amigo Luca Zisa, quién supo ser partícipe de la banda L.U.G (La última generación) especializándose en instrumentos como el bajo, batería, guitarra, etc. Luca se adentró en el Hip-Hop y es una gran noticia para los amantes del género. Viene con muchas ganas de cuestionar lo establecido y fines totalmente evolutivos en cuanto a enriquecer el pensar del oyente. El viaje dura poco menos de 20 minutos, pero es un viaje intenso. Me atrevo a llamarlo “viaje” porqué es la palabra más adecuada desde mi perspectiva.  
Musicalmente está limado hasta el último detalle. Instrumentales de producción propia de Luca que supo llevar al estudio de “Mono Fusión” donde Federico Mottalini y Lucas Sosa, integrantes de la banda L.U.G, metieron su mano para dejar todo en óptimas condiciones. Mediante percusiones, scratchs, saxos, guitarras, teclados, sonidos ambientales (pájaros, agua y viento), etc. se logró una puesta en clima de alto nivel.
En la portada, hecha también por Fede Mottalini, podemos ver un ojo que nos está mirando entre nubes, flora y lo que aparenta ser un lago. Estimo que el ojo será “alguien” a quien no podemos llamar “alguien” y decirle “algo” sería una falta de inteligencia de mi parte. Calculo que pertenece o simboliza a la conciencia colectiva. Cada cual con sus creencias, dudas o certezas. Dígasele “naturaleza” si se quiere, o “universo”. Total… quien alguna vez supo o pudo tener alguna conexión o contacto con ellx sabrá mejor que nadie de qué se trata. A mí personalmente me despierta una sensación de estar frente a la inmensidad. Observándonos como prójimos pero, contrariadamente, me hace sentir parte de ella como una célula en un cuerpo. No me hace sentir frente a una mirada acusadora, si no, ante una mirada que analiza. Me estimula a pensar varias alternativas. Hasta me hace imaginar que estará viendo ese ojo. Cuestión de perspectivas, como la gran mayoría de las cosas.
Entramos al desarrollo del viaje. En la intro nos vamos a ver escuchando a un hombre que nos cuenta una especie de secreto, de hallazgo. Nos habla de un “poder personal”. Una dicha que de no lograrse haría que no seamos capaces de captar revelaciones o conocimientos claves. Aunque, en caso de lograrse, bastaría percibir solo una palabra para tener las herramientas que nos ayudarían cambiar el curso de nuestras vidas. Interesante. Se necesitaría bastante sabiduría y criterio para saber, entre tantas cosas que absorbemos, cuando esos conocimientos son verdaderos y cuantas veces ilusorios. Creo que solo a fuerza de intuición, más la experiencia adquirida en determinadas circunstancias lograremos, por lo menos acercarnos. Claro, pero para eso tenemos que estar dispuestos a tomar los riesgos que conlleva apuntar a un horizonte. Sigue el relato del hombre y nos confiesa, según él, lo que podría ser la “sabiduría más grande”. Nos habla de que en este mismo instante estamos rodeados de la “eternidad”, y estando rodeado de ella, podemos utilizarla si así deseásemos. Nos informa que solo tomando riendas del “momento” podremos llevar nuestra totalidad al infinito. Quizás como un portal. Quizás cómo un equino al que no obligamos a llevarnos a determinado destino, si no que nos invita, y nos lleva hasta donde crea necesario. Me detuve bastante en la introducción, pero lo creí de suma trascendencia para poder entender el desarrollo general del trabajo de Luca.
Comienzan los temas y suena la primera frase del autor: “La música no es solo arte, también es acto de combate”. Empezamos a saborear un “Fruto Amargo”. Nombre de un primer tema que nos deja en claro que Luca viene a sacudir algunas estructuras impuestas en la sociedad. Hablando de la música como un medio para sanar y para buscar una revolución mental, logra encontrar un punto de partida. Este primer tema nos nombra ciertos conceptos o sucesos que están vigentes, pero disfrazados de tabúes. Desde la extinción de animales en consecuencia de los actos del ser humano, hasta el desplazado y usurpado pueblo Mapuche. Pasando por otros tantos, cómo la explotación general de Latinoamérica, hasta la influencia de las multinacionales para este fin. Zisa nos deja claro que la única forma de enfrentar es, primero, sintiendo el dolor que esto genera.
Se hace una constante el andar por estos tópicos, como por ejemplo en el track “Normal”, donde mediante la repetición de esta palabra, el autor nos detalla una gran cantidad de hechos que están normalizados y que pasamos desapercibidos por estar arraigados en el día a día. Mediante ese recurso, nos lleva hasta un punto donde la prolongada reiteración de ese término nos mete en un contexto de colapso o locura.  ¿Qué es normal? Me quedo pensando… “Lo normal no es natural”, dice Luca, queriendo llegar a la definición correcta por descarte. Gran camino, acercarse a la verdad eliminando lo falso. Solo sé que lo normal es temporal, va y viene dependiendo la tolerancia de los que constituyen una sociedad. Por ejemplo: Antes se veía como una falta de respeto a la tradición que las mujeres salgan a trabajar, hoy es algo normal. Hubo momentos en la historia donde el alcohol era ilegal, con el tiempo se estableció en el mercado y es raro ver personas que no normalicen su consumo. Son ejemplos, no es que quiera bajar línea de nada. Solamente quiero decir que hacer sacudir a lo normalizado no siempre es para bien o siempre para mal. Solamente es sacudir a lo normalizado. Casarse joven. Soñar un hijo futbolista. El asado. El bulling en las escuelas. Depilarse las axilas. Tener un peso acorde a la imagen de la revista. Bajar del tren, subirse al subte para completar las diez horas de trabajo y repetir la secuencia como un loop. En fin, creo que se puede hacer tambalear el concepto de “normal” ampliando las mentes y pasar todos estos conceptos por un filtro en donde los cuestionemos. No digo que sea un método eficaz, ni el único, pero por lo menos empecemos probando por algo y poniendo en duda lo que concebimos cómo “normal”.
Continúa el viaje y nos encontramos con un conocido relato de José Alberto “Pepe” Mujica donde habla del consumo. Nos cuenta que cuando compramos algo, no lo hacemos con dinero. Lo hacemos con el tiempo de vida que nos costó generar ese dinero. Nos deja una frase con el peso del mejor punchline: “Lo único que no se puede comprar es la vida”. Añadiendo: “Es miserable gastar la vida para perder libertad”. ¿Qué agregarle a las palabras de este maestro? Nada. Quizás ser un poco escéptico y pensar ¿cómo hacemos para cambiar todo este sistema? Y solo me respondo: desde adentro, comunicando, haciendo arte. Solos es imposible, tenemos que llamar a la colaboración. Justamente lo que está haciendo Luca Zisa
Va culminando nuestra travesía en “A quien escucha” (Outro). En este final nos vemos envueltos en los punteos de guitarra de Ian Oddesky y la voz tenue de Cami Guillard que nos dice: “El bosque llama a quién escucha. Somos tierra, fuego, viento y agua”. Seguidos de sonidos ambientales que nos hacen sentir en dicho bosque, para luego dar cierre a este gran trabajo.
Tuve la suerte de hablar con el autor, no cara a cara como me hubiese gustado, pero comunicación en fin. No por falta de voluntad de alguna parte, si no porque él reside en El Bolsón, provincia de Rio Negro. Increíble lugar, entre paréntesis. La paz abunda tan cerca de lo natural y alejado del ruido. Éste disco tiene mucho que ver precisamente con eso, ya que, surge del “punto de quiebre” que le generó a Luca irse a vivir allá, ya que pasó toda su vida en la zona norte del conurbano bonaerense. Reitero, es una gran noticia que músicos y pensantes como Luca Zisa se adentren en nuestro tan querido HH. Brindo por eso, y por el futuro de nuestro compañero que nos supo convidar “Convida”.
Escuchá “Convida” acá
Por Lucas “Steppa” Spinelli (@stepa.33)