Ya son varias las veces que escucho “hoy te venden un producto” y cada día que pasa analizo más la situación actual de la música. Ya lo hemos tocado en varias columnas pero el tema da para largo. Es que es tan abismal el cambio que sorprende, al menos a mi, que aún no entiendo ni se si quiero entender hacia donde gira la industria musical. Como es una obviedad que el rap va inmerso en ese barco que zarpo con destino a quien sabe donde con una valija cargada de cambios inentendibles por aquellos románticos que aún esperan, como los pobladores de los pueblos el tren, el disco en formato físico.

Si bien ese viraje de lo clásico a lo streaming es más “normal” y aceptable, hay un algo dentro de esa coyuntura con la que no estoy para nada de acuerdo. Los artistas siempre “vendieron” un producto extra sobre su arte, su música en este caso. Así fue como Run DMC lleno sus arcas y las de Adidas con su canción “My Adidas”. “Hacemos buen equipo mis Adidas y yo” reza la letra y luego de eso muchos de los miles de fanáticos fueron a por ellas a la tienda más cercana. Así como este ejemplo hay millones y está ahí el negocio de los artistas. ¿Pero cuándo fue que ya no existe el “artista + el producto” y se transformo el artista en “el producto”?

Las redes sociales, enormes plataformas para conexiones, para reencuentros y que de un tiempo a esta parte se transformaron en un gigantesco mercado de marketing, hacen de los Mc´s un producto a vender. Quién “se vende” y quien no, es una cuestión de opción, pero lo cierto es que sin lugar a dudas un télefono 4G y el acceso a Instagram son esa puerta de entrada a un mundo lleno de demandas. ¿El peligro? Transformar una esencia en un modelo sugerido por ese mercado. Así es como hoy en día todos o en su gran mayoría usan una riñonera y una campera de tela de avion como “moda” impuesta quien sabe por quién y utilizan ritmos comerciales para comunicar nada y para vender mucho.

La linea entre el arte y el comercio es fina por estos días. Nadie es quien para juzgar pero si para criticar con respeto el camino que están tomando muchos al agarrar una hoja y un papel. Las marcas en este caso usan ese “arte” para que millones de personas compren sin entender de que va todo esto. Mi molestia es que la cultura, la parte pulcra y de los valores quede impregnada de esa fragancia donde el peso de la plata vale más que el de la palabra, de una letra o de una comunicación.

Que los discos en formato físico mueran, es si se quiere, entendible. En este marco de cambios tecnológicos, son pocos los que aún tienen un aparato para escuchar discos. Que todos hagan lo mismo, NO. Y no debe dejarse pasar así nomas. Lo autóctono, lo distinto, lo arriesgado debe ser siempre un camino, una herramienta para no caer en la repetición constante de un estilo. El rap es un género enorme para explorar, para fusionar, para investigar y caer en la “cómoda” de la ropa de moda, las zapatillas de moda, los ritmos de moda me parece muy poco original y muy poco valiente a la hora de salir a la cancha con arte. Puro, valorable y rompedor de esos moldes idiotas que imponen esos empresarios ricos que utilizan a los artistas como títeres de sus marcas. Para pensar, para analizar y para debatir si no se está de acuerdo. Con respeto y con diálogo, como siempre, como debe ser.

Por Kevin Dirienso Poter (@kevindpoter)