Al ritmo del crecimiento.

Buenos Aires se inunda con la gran ola que es la cultura hip hop. Cada vez más el gris de las calles se ve interrumpido con los colores de un graffiti, las plazas resuenan al ritmo del flow de barrio, y en cada parada de bondi se ve a alguien practicando un paso al ritmo de (se puede intuir por los movimientos) un beat que no llegamos a escuchar.
Como toda ola, levanta a aquellos que venían generando bulla, y trae a mucha gente nueva que quiere probar, ver y formar parte.
En este aspecto el baile hip hop es uno de los que más a la mano está para introducirse en este mundo que es la cultura de la doble H. Porque es llamativo, porque no requiere más que del cuerpo (en este sentido convive con el rap, pero tal vez éste último parezca más selectivo que el bailar), y porque francamente, Buenos Aires bulle con escuelas de danza que están más que dispuestas y preparadas para satisfacer la demanda.
Es éste contexto el que plantea para la gente que lleva a cabo esta rama de la cultura, el desafío más grande. ¿Es posible transmitir todo el contenido, las bases que crearon el baile que se enseña, al ritmo que exige la demanda de hoy en día?
La respuesta no es una, ni es fácil.
Muchas voces piensan que no hay que demonizar a aquella persona que llega a una clase con la sola intención de moverse y divertirse. Y si bien esto está bien, a veces genera que el fantasma de la pregunta que desarrollábamos antes, persiga al maestro de la disciplina “¿Estoy enseñando todo lo que amo de esta cultura?”
La respuesta misma viene de los popes de esta movida: El ritmo de crecimiento de hoy tiene una sola manera de llevarse a cabo bien, y esa manera es con humildad.
En palabras de uno de los creadores y generadores de eventos de baile más grosos de este país: “Hay que hacer sentir a la persona que se acerca, desde el primer momento, que esto que se llama hip hop lo estamos generando entre todos. Si bien el paso en ese momento lo estoy enseñando yo, tengo que poder transmitir que ésta cultura crece conjuntamente conmigo y con la persona que venga a aprender. Si logré transmitir eso, entonces ya enseñé algo de la cultura hip hop.”
Aun así, las fricciones que genera este ritmo se vuelven a veces presentes. Fuegos cruzados que rezan si aquí o allí se enseña hip hop o exclusivamente coreografía, si ésta última es realmente hip hop o no.
Nuevamente y haciendo gala de una pericia exquisita, esta chispa es utilizada como motor de una reflexión: “la disponibilidad del maestro a ser transmisor oral de esa cultura se vuelve una responsabilidad, junto con la tarea de generar de esa curiosidad en el recién llegado”.

Pero ya saliendo de los desafíos hay algo innegable, el nivel dentro del baile está creciendo, las posibilidades generadas tanto por el mercado mainstream como por lo autogestivo están creciendo y los eventos para poder expresarse se multiplican en cantidad y calidad. Tanto es así que las ramas dentro del baile se afianzan cada vez más y cada estilo se desarrolla con una fuerza que contagia. Del hip-hop al KRUMP, pasando por el freestyle, el dance hall, el break dance, el popping y demases,se observa un sequito de seguidores y perpetradores cada vez más grande, y su energía contagia.
Por esta parte, la conclusión es que con todos los vaivenes que trae una ola, la familia de bailarines del hip hop está sabiendo llevar a cabo su tarea de una manera que hace que nos saquemos el gorro frente a ellos. Demostrando una vez más, que pueden bailar a cualquier ritmo, y que cuando lo hacen dejan huella.
 

Por Pas!

Agradecimientos: Matías Monti, organizador de Arena HipHop, que nos abrió las puertas a su evento (saldrá crónica en estos días), a Diego Poleo Rossi y a Luigi por toda la onda que le pusieron en el evento del domingo y a toda la gente de DOUP por poner el tremendo lugar a disposición.

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