Biggie: I got a Story to tell.

Por Kevin Dirienso Poter – @kevindpoter

Un rapero que a los 24 años se convirtió en leyenda. Un artista al que le bastaron 2 discos (uno de ellos postumo) para ser reconocido mundialmente como uno de los mejores de la historia. Un halo de misterio que lo rodea desde siempre y que para muchos lo hace ser más grande de lo que realmente es. Un Mc que encierra un talento impresionante a la hora de rimar y que más allá de las teorías conspirativas sigue teniendo la corona de Nueva York en su cabeza. Por si aún no han podido descifrar de quien estamos hablando lo vamos a decir de una vez: Biggie Smalls.

El oriundo de Bed-Stuy tiene una historia atrapante y así lo marcan la cantidad de artículos, reseñas, documentales, etc. que hay detrás de él y de su trunca amistad transformada en rivalidad para con la otra leyenda de la época, Tupac Shakur. El pasado 1 de marzo Netflix cumplió con su promesa y estrenó «Biggie: I got a Story to tell» un documental dirigido por Emmet Malloy y que cuenta con la producción de Violeta Wallace, la mamá de Biggie y de Puffy Combs, su manager y ¿amigo?.

No quiero hablar tanto de la historia de Notorius ya que hay demasiado material, por eso vamos a centrarnos en este gran documental de poquito mas de hora y media de duración que recorre la historia completa de uno de los mejores raperos de la historia y que ha dejado un legado dificil de ignorar. Con material de archivo inédito y una serie de entrevistas a sus allegados, el documental va contando la historia del principio a su abrupto final, haciendo hincapié en su transformación de vendedor de crack a leyenda del rap. De la calle Fulton a todos los escenarios posibles. Una vida y una carrera frenética sesgada por el negocio y ese «entorno» (palabra en boga al día de hoy), que tiene muchísimo para revelar aún.

A lo largo del film podemos observar grabaciones caseras de uno de los mejores amigos de Biggie que casi sin darse cuenta fue quien capto los mejores momentos de una estrella casi fugaz de la cultura Hip Hop. Christopher era un rapero diferente y así lo describen los que estuvieron con él en esos comienzos donde la inestabilidad económica y su tendencia al dinero fácil hacían tambalear su incipiente carrera. Ese proceso, hasta la llegada de Sean Combs y su reciente Bad Boy Entertainment quienes le dieron la confianza de convertirse en un rapero profesional con un futuro prometedor.

Como dije más arriba, la historia de Biggie y ese conflicto armado para facturar millones orquestado por los dos máximos magnates de la industria Hip Hop en ese momento, no es caso de esta nota. «Biggie: I got a Story to tell» es un gran material para pochoclear y ahondar en la historia de un rapero que vale la pena. Que cambió las reglas y que volvió a poner a Nueva York en el centro de la escena.

Biggie pudo haber sido tranquilamente mucho más y su muerte dejo un vacío gigante, que fue mucho más grande aún, sabiendo que 9 meses antes la otra leyenda del rap se había ido a un mejor lugar. Tupac y Biggie, Biggie y Tupac, una era corta pero eterna para todos los amantes de esta cultura.

Un documental digno de ver, que suma y aporta desde una mirada netamente biográfica, sin entrar en demasiadas polémicas. Muchas buenas entrevistas y un sinfín de documentos inéditos hacen de este un gran espacio para conocer más de un artista que dejo una huella imborrable en el Hip Hop. El rey de Brooklyn, el dueño de un flow impresionante, un rapero diferente.

 

 

 

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