DE ROSARIO PARA TODO EL MUNDO.

Por Gian Franco Lisanti – @__lisanti_

Argentina, Buenos Aires, Capital Federal, Palermo, Niceto. Desde Rosario, Santa Fe, Argentina, llegó Caliope Family a presentarse en uno de los escenarios más importantes de la ciudad en un local, que con el aforo limitado, estaba estallado. 

Raro fue entrar a Niceto para escuchar a Caliope, para escuchar a Brapis, conociendo la energía que transmiten, y encontrarme con mesas dispuestas en la pista donde tanta gente bailaba acumuladisima, una sobre otra, en la oscuridad y con los parlantes al máximo. Completamente normal, de todas formas, desde la vuelta de los eventos, este tipo de encuentros, donde el baile, los saltos y los gritos son limitados por el protocolo y el barbijo. 

Una hora de espera desde que entré y vi toda la gente, cada una en su respectiva silla, cada grupo en su mesa, con unos funks y raps de fondo hasta que el Mir Nicolas se adueñó del centro de la escena. A las 20 del viernes primero de octubre del 2021, el rapero de Pablo Podestá, Tres de Febrero, Buenos Aires, Argentina, tomó el micrófono y los parlantes.

No fue la primera vez que lo ví en vivo pero sí es de las primeras. Debe haber sido la tercera, cuarta. Siempre me genera algo particular verlo. Su manera de fluir sobre sus letras cargadas de historias, referencias y multisilábicas me producen algo hasta hipnotizante y por el movimiento unísono de les espectadores, el respeto al artista y las arengas al final de cada tema, puedo decir que la sensación era compartida en todo Niceto. No le hace falta tiempo al Mir Nicolas para convertirse en referente a nivel nacional, y de hecho le sobran referencias y trabajos ya realizados, tanto como rapper como en el rol de productor, así que no es una apuesta arriesgada decir que pronto será una figura internacional del rap argentino, si es que ya no lo es. 

Cuarenta minutos sobre el escenario, con un repertorio que fue desde los primeros singles, pasando por La ciencia de las malas mañas, a 29, su trabajo más reciente junto al T&K. Cuarenta minutos de fuego sobre el escenario y quince minutos más de espera, con las brasas expectantes del aire que Caliope en su salida le iba a soplar. Y así fue. 

Estalló el público, las luces, los parlantes, el micrófono, el bajo, la batería, y el teclado. U know, quién te lo trae caliente al barrio, Brapo y la family warrior. Bailecitos en cada una de las sillas. El goce continuó, sin freno, con Low Life. Imposible quedarla. Pero esa energía había que distribuirla. Un tema instrumental, un tema más meloso, un par con filtros en la voz.

Lo que más destaco de este momento en el que, admito, me salí del rol de cronista y fui un espectador más, es la identidad consolidada de la banda. De la banda como unidad, no de Brapis por un lado, acompañado por cuatro ejecutantes. Eso no. Sino de Caliope como un todo. Así como empezaron con energía, arriba, para el baile, pasaron a un momento más sensual, romántico, sin perder una pizca de lo que antes nos había hecho movernos con distancia social. No soy el más consumidor de funk, soul, rap musical de Argentina y todavía me sigo sorprendiendo de bandas con más de cinco años de trayectoria. Más allá de esto, me pasa muchísimo encontrarme con discos que no podría diferenciar uno de otro. Grandes discos, musicalmente hermosos, para bailar hasta la duodécima escuchada pero que, siento, les falta algo. Tal vez es este uno de los ingredientes que hace que bandas de este estilo sean más reconocidas que otras, sin minimizar el virtuosismo musical, el contenido y otras cuestiones artísticas. Que algunas tengan nombre y otras no. Una identidad a fin de cuentas, y a Caliope le sobra. Le sobra solo con ellos sobre el escenario, imaginense con invitados como los que llevaron. Para cerrar el pensamiento que me invadió mientras los escuchaba: funk sensual, con aire, sí, pero si quieren le mandan duro y funciona y sirve y rompen todo, todo con las mismas herramientas usadas de mil maneras.

A ese momento volvieron cuando Urbanse entró al escenario. Rhythms And Rhymes y Conocimiento, de Bars Collection, fueron los dos temas que ejecutaron. Ustedes se imaginarán cómo estaba el aire si el humo del escenario, azul, rojo, naranja por las luces de Niceto, ya tomaba tonalidades verdes para el momento más chill de la noche. Al salir Urbanse del escenario, “quedan un par más de temas” se escuchó por los parlantes. Aproximadamente una hora de Caliope Family habia pasado y se hacia presente el final. “Hay que pasarla bien en estos momentos, hacía mucho no teníamos esto así que hay que disfrutarlo” dijo Brapis en un entre canciones, y se notó que la banda lo estaba disfrutando. Como les digo, el nivel de energía puesta por cada integrante no cayó nunca, cambió de acuerdo al mood pero desde la fila del final se notó en todo el rato que la banda estaba en la misma. Eso quedó en evidencia con las últimas cinco canciones. Coco, Par de niños y Flextime fueron tres de esas. Les digo: una cosa es escucharlas en spotify y otra muy diferente es en vivo. Sí, con todas las canciones de todas las bandas pasa eso, sí. Con Caliope en particular lo que sucedió es que la intención de las grabaciones subidas parece hasta relajada en comparación a la explosión que generó cada una de estas cinco canciones. 

Un par de sillas ya habían quedado olvidadas cuando Urbanse salió al escenario, unas cuantas más cuando comenzó esta última tanda de canciones, y finalmente todo el público se paró para recibir a Acru en el escenario. Culpa de la pandemia que el agite se haya activado en una de las canciones finales, sino hubiera estallado todo desde el primer momento. Con lo que fue Tunel me fue facil imaginarme que se despedian juntos a Acru en el escenario pero no fue así. Hubo un tema más, que no registré, ya siendo un espectador más, habiendome olvidado unos minutos que estaba ahí por la revista. Disfrutando el momento, bailando y despidiendonos hasta su próxima presentación en el Konex.

Salí a la avenida y me reencontré con la nota del celular que comencé a las 21 y diez minutos después abandoné, que más tarde agregué palabras, recuerdos que me traía la presentación e ideas. Salí a las 22:30, unos minutos después de procesar lo que fue el evento. Salí de Niceto consciente del poco material concreto que tenía para escribir la nota pero rico en pensamientos, memorias y de la energía que la banda emanó. Caminé al bondi pensando en qué podía escuchar similar para mantener vívido el recital, sin que sea Caliope. Llegó, me subí, sonaba Snarky Puppy y la nota se escribió sola

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