EL BRONX QUE DESENCADENÓ LA FUNDACIÓN DEL HIP HOP

Por Shakya Young Shakur – @shakya.young.shakur

Robert Moses fue un magnate de Nueva York desde la época post primera guerra mundial, algo así como un Donald Trump de su tiempo. La New York Regional Plan Association comenzaba a proyectar una idea encabezada por él, de la autopista más ambiciosa hasta el momento: La Cross-Bronx Expressway, que conectaría el corazón de los barrios más alejados de los suburbios al centro de Manhattan, con el propósito de convertirlo en un centro de riquezas. Hacia principios de 1950, más de 20 años después del planeamiento, comienza a llevarse a cabo el proyecto.

Para que la autopista comience a avanzar hubo que demoler departamentos de clase media-baja de familias judías e irlandesas, a quienes se les compensaba con unos míseros 200 dólares por ambiente. Muchas de estas familias al quedar en la calle se terminaron refugiando en edificios abandonados. Pero esto fue el principio: 60.000 habitantes del viejo Bronx se interponían en el desarrollo de la Cross-Bronx Expressway.
Bajo permisos de “renovación urbana” Moses clausuró y forzó al éxodo a barrios enteros, de familias de clase baja afroamericanas, puertorriqueñas y judías, demoliendo centenares de casas modestas. A cambio, estas familias recibían un departamento en complejos gigantes de monoblocks, una solución económica, de densidad de población y racial: Mientras todas estas familias mayormente negras eran forzadas a permitir la demolición de sus casas y enviadas todas apretujadas en complejos de edificios, se favorecía la ocupación de familias blancas de clase media-alta en los territorios a los alrededores de la nueva autopista.

“Para Moses, este modelo de “torres en el parque” (como fue llamado el proyecto de modelo de monoblocks) era una ecuación matemática que resolvía con elegancia varios problemas espinosos -ofrecer espacios abiertos dentro del tejido urbano y viviendas para las personas de bajos recursos que había desplazado- con una excelente relación costo beneficio. Casualmente, también cumplía con otros objetivos: la “demolición de los barrios pobres”, la renovación comercial y la erradicación del movimiento sindical de locatarios. De este modo, el boom de la construcción en el área de Nueva York en las décadas del cincuenta y sesenta le brindó aldeas a la comunidad blanca de clase media, en los suburbios como Levittown: amplias, prefabricadas, prolijas y exclusivamente para blancos. En cambio, la clase obrera sólo recibió nueve o más monótonos bloques de concreto en medio de supuestos “parques” aislados y desolados, que muy pronto sufrirían altísimos niveles de inseguridad.” Resume de manera impecable Jeff Chang en el capítulo 1 del libro “Generación Hip Hop”.

Cabe destacar antes de continuar analizando cómo fue el Bronx donde se fundó el Hip Hop, que este tipo de movidas económicas e inmobiliarias con el propósito de dividir los territorios por clase social -y consecuentemente color de piel- de manera “sutil”, ocurrió a lo largo y ancho de Estados Unidos de Norteamérica, descartando incluso hechos históricos similares en toda Latinoamérica. Nosotros solo estamos hablando de Nueva York.

Todos los hip hop heads alguna vez oímos escuchar esta frase de “El Bronx en llamas”, o al menos tuvimos esa imagen. Su origen viene a aportar más cinismo a lo previamente relatado: quienes eran acomodados como arrendadores de las propiedades de complejos, las aceptaron con intenciones de cobrar el seguro de los monoblocks, pagando unos pares de dólares a pandillas o grupos clandestinos que los incendiaran completamente, dejando a esas familias por 2da vez sin hogar. A eso refiere el famoso “Bronx en llamas”, lo que generó un círculo económico entre los dueños de los complejos, los arrendadores, y las empresas de seguros que seguían vendiendo más pólizas. Las mismas familias que no tuvieron otra opción que presenciar la demolición de sus hogares, ahora recibían un departamento incinerado. Para poder entender la magnitud del Bronx literalmente en llamas, unas 43.000 viviendas se perdieron, y los registros dejan en papel 30.000 incendios.

Por delante de este proceso sistemático de destrucción de barrios marginales, el Estado comenzaba a imponer el discurso de que el South Bronx era una prueba de que los negros y latinos no tenían interés en mejorar sus vidas. Daniel Patrick Moynihan, un senador demócrata de Nueva York, dijo: “La gente que vive en el South Bronx no quiere viviendas, de lo contrario no las prendería fuego”.
Sería un gran problema que como argentinos no se nos venga a la cabeza la directa comparación con el discurso de “los pobres son pobres porque quieren” o “los planes fomentan vagos”. Muchos raperos sostienen este discurso neoliberal, sin siquiera comprender que ignoran las raíces de la cultura a la que supuestamente representan.
En un Comunicado de Daniel Moynihan al presidente Nixon, sostuvo que frente a esa situación de incendios, en los mismos barrios donde efervecía el auge de los Panteras Negras, quizás “Sea conveniente responder a los problemas raciales con un período de ‘negligencia benigna’ “

Frente al desamparo total, el crack no tardaría en sumarse a esta fórmula destructiva. Tampoco los métodos de autodefensa, organización y pertenencia entre los habitantes del Ghetto. Frente a este contexto es que las pandillas de jóvenes negros y latinos se formaban, en principio para defenderse del acoso que recibían de grupos de blancos que vivían en esos barrios antes de que estos fueran forzados a trasladarse. Luego para experimentar un sentido del poder. La grieta era bastante clara: grupos como los Panteras o los Young Lords con la iniciativa de que las nuevas generaciones tengan una participación activa en la toma de derechos, y otros que solo se encargaban de protegerse entre ellos con brutalidad.
La criminalización y su discurso hegemónico puso en una posición legítima la negligencia benigna que aprobó Nixon. El Estado se encargó de que un puntual sector de la sociedad se encuentre completamente desprotegido, dando rienda suelta al narcotráfico, y al abuso de las instituciones de fuerza, que cada década que pasó dejó al menos 3 o 4 casos relevantes de muerte por gatillo fácil o por atentados racistas. Tengamos en cuenta que estas situaciones solo se consideran relevantes cuando la olla de la presión popular a la arbitrariedad y ocultación de los medios de comunicación empieza a amenazar con destaparse. Ahí es cuando conocemos de esos 3 o 4 casos por década, que representan decenas y decenas de víctimas en realidad.


“I’ll prolly die anonymous, I’ll prolly die with promises
I’ll prolly die walkin’ back home from the candy house
I’ll prolly die because these colors are standin’ out
I’ll prolly die because I ain’t know Demarcus was snitchin’
I’ll prolly die at these house parties, fuckin’ with bitches
I’ll prolly die from witnesses leavin’ me falsed accused
I’ll prolly die from thinkin’ that me and your hood was cool
Or maybe die from pressin’ the line, actin’ too extra
Or maybe die because these smokers are more than desperate
I’ll prolly die from one of these bats and blue badges
Body-slammed on black and white paint, my bones snappin’
Or maybe die from panic or die from bein’ too lax
Or die from waitin’ on it, die ‘cause I’m movin’ too fast
I’ll prolly die tryna buy weed at the apartments
I’ll prolly die tryna defuse two homies arguin’
I’ll prolly die ‘cause that’s what you do when you’re 17
All worries in a hurry, I wish I controlled things”

(Probablemente muera anónimo, probablemente muera con promesas
probablemente muera volviendo a casa de la tienda de caramelos,
probablemente muera porque los colores de mi ropa,
probablemente muera por no saber si Demarcus es un soplón,
probablemente muera en estas fiestas cogiendo con putas,
probablemente muera porque estos testigos me acusen falsamente
probablemente muera por pensar que tu barrio era cool,
o quizás por cruzar la línea y actuar de más,
o quizás porque estos fumadores están más que desesperados,
probablemente muera por uno de estos bates y placas azules,
mi cuerpo estrellado en la pintura negra y blanca, mis huesos crujiendo,
o quizás muera de pánico o por ser muy perezoso,
o muera por esperar, o por ir demasiado rápido,
probablemente muera tratando de comprar marihuana en los complejos,
probablemente muera tratando de calmar dos compañeros discutiendo,
probablemente muera, porque eso es lo que hacés cuando tenés 17 años,
muchas preocupaciones en poco tiempo, desearía poder controlar las cosas.)

2do verso de la canción “Fear” de Kendrick Lamar, retratando en un disco de 2017 una realidad persistente desde los 60s: el desamparo completo, la condición de ser de un barrio negro norteamericano, la negligencia benigna vigente.


Las pandillas como una respuesta al Estado ausente

“Las pandillas le daban una estructura al caos. Para los hijos de inmigrantes con padres ausentes, para los huérfanos que estaban fuera del sistema, para las chicas que huían de un entorno abusivo y para miles más, las pandillas eran un refugio, una fuente de comodidad y protección. Canalizaban su energía y les ofrecían enemigos en común. Mataban el aburrimiento y llenaban de sentido las horas. Convertían los terrenos baldíos en patios de juegos. Les daban la sensación de pertenecer a una familia”, escribe Jeff Chang en el capítulo 3 de “Generación Hip Hop”.

Sin más propósito que lo que relata Chang, los jóvenes olvidados se sometían a pruebas para pertenecer a estas pandillas, desde recibir grandes golpizas a tener que hacer ruletas rusas. Existieron decenas y decenas de pandillas, vamos a enumerar un par: Black Spades, Savage Skulls, War Pigs, Peacemakers, Savage Nomads, Seven inmortals, Mongols, Ghetto Brothers, entre otras pandillas de los 70s.

Quiero enfocarme en los Ghetto Brothers, porque es a mi entender la pandilla que marcó un antes y un después en la comunidad a la que me refiero con todos los sucesos relatados, por más que ese punto sea para algunos tangible o simplemente simbólico para otros, queda en la historia de nuestra cultura como el primer pacto de un código de conducta de la comunidad Hip Hop antes de saber que formaban parte de de ella.

Los Ghetto Brothers

Con el tiempo, la policía estimaba la existencia de 100 bandas, y más de 11 mil miembros. Los miembros de las pandillas negaban esta afirmación y sostienen que hubo un número mucho mayor.
Los Ghetto Brothers fueron una de las pandillas con mayor capacidad de influencia en el Bronx, y ex co-fundadores de otras pandillas relevantes como los Savage Nomads y los Savage Skullz.
Carlos Suarez era el presidente, un jóven agresivo, violento y encantador de 21 años, conocido en las calles como “Karate Charlie”. Había formado parte de una pandilla donde todos se hicieron adictos a la heroína. Al irse de ese círculo conoció a Benjamin Melendez, organizador, revolucionario y gran orador, quien se convierte en vicepresidente de los Ghetto Brothers luego de haberla fundado, apodado “Yellow Benjie”. De chicos, él y su hermano ganaron un concurso de talentos cantando canciones de los Beatles para Tito Puente. Benjamin era un apasionado de la música, además de un gran peleador.
En principio la pandilla fue realmente formada por todos familiares, quienes fueron parte de los miles de refugiados desalojados por Robert Moses. Hasta que la familia se expandió de su propia sangre y los Ghetto Brothers comenzaron a pisar fuerte en las calles con cantidades considerables de adeptos.
Su gran diferencia con la gran mayoría de las pandillas es que eran esencialmente políticos, es decir, con empatía y compromiso social, y con el propósito de encarrilar ese bucle de violencia sin sentido hacia una lucha que favorezca a los miembros de la comunidad, en lugar de seguir sumando muertos a las estadísticas y terminar siendo funcionales al discurso estigmatizante hacia los habitantes de los guetos.
“…criticaban la calidad de la atención médica del Lincoln Hospital, cuestionaban el hecho de que los jóvenes no tuvieran a su alcance ni empleos ni recreación alguna, y denunciaban la violencia policial. Obligaron a los dueños de los edificios residenciales de los barrios más pobres a que los dejaran entrar para limpiar las instalaciones e implementaron un programa de desayunos gratuitos y donación de ropa. También ofrecían su protección a varios nacionalistas puertorriqueños prominentes. Se autodenominaban “el ejército del pueblo”. Jeff Chang en el libro “Generación Hip Hop”.

Transcurriendo 1971, a Melendez comenzaba a hacerle ruido la identificación del grupo con la palabra “pandilla”, y propone refundarlo como una organización a favor de la paz.
Esta apertura fue la que permitió la persuasión de dos docentes que aportaron pedagógicamente a la organización de la banda: Manny Dominguez y Rita Fecher. Además, coincidía con la suma de un miembro que consolidó el tridente de los Ghetto Brothers: Black Benjie, menos conocido como Cornell Benjamin.
Manny y Rita se involucraron en la orientación de los Ghetto Brothers, los Savage Skulls y los Savage Nomads. Comprendieron el potencial y la capacidad de influencia de los primeros al punto de lograr conseguir que tuvieran un lugar físico que funcionó como su sede oficial.
Esta ex pandilla, ahora organización, captó también la atención de periodistas, y documentalistas, con sus expresiones tajantes y juveniles, sus boinas y su pelo largo. Los jóvenes del Bronx estaban empezando a desintegrar, gracias a ellos, la invisibilidad que los rodeaba, del Estado, de la sociedad, del otro, combatiendo ni más ni menos que la propia estigmatización que sufrían como jóvenes del Ghetto de una sola y simple forma: Haciendo lo correcto.

Mientras estas conclusiones ocupaban los objetivos de la organización, las calles continuaban fervientes de violencia, lejos de no afectarlos a ellos. Fue entonces cuando desde la sede recibieron la información de que tres pandillas estaban haciendo estragos en su barrio, repartiendo golpizas. Melendez mandó a Black Benjie como mediador.
Al llegar al lugar, levantó las manos para probar su falta de armas, y proclamó que dejen en paz a los jóvenes, que era momento de hablar de paz. Benjie no fue escuchado en absoluto, si no rodeado, y al grito de “huyan hermanos” fue que murió a golpes, mientras los jóvenes de su barrio amenazados podían volver a casa.

Suarez y Melendez, el ying y el yang, debían lidiar con sus pensamientos opuestos. Melendez, ya presidente de la organización, sostuvo la idea de enseñarles a los demás jóvenes con el ejemplo, y tomó la dolorosa decisión de determinar que la última gota de sangre de un jóven desparramada en la calle sea la de su propio hermano.
Así fue como convocó una reunión masiva en el Bronx Boys Club a todos los líderes de todas las pandillas del Bronx, para llevar a cabo un tratado de paz que estableciera un código sobre el cual puedan convivir.

“Hermanos y Hermanas:
Tenemos conciencia de que todos somos hermanos, que vivimos en los mismos barrios y afrontamos las mismas dificultades. También somos conscientes de que las peleas entre nosotros no son la solución a nuestros problemas. Si queremos construir una comunidad mejor para nuestras familias y nosotros mismos, debemos trabajar juntos. Quienes firmamos este acuerdo nos comprometemos a mantener la paz y la unidad para todos y de aquí en adelante nos denominaremos “la Familia”.

Las condiciones de paz son las siguientes:
1- Todas las pandillas deberán respetarse mutuamente, y respetar tanto a los otros grupos como a cada uno de sus miembros individuales y sus mujeres. Cada grupo afiliado a la Familia podrá vestir los colores de su pandilla en los territorios de los demás grupos sin que se lo moleste. Igualmente, deberá recordar en qué territorio está y respetarlo como si fuera el suyo.
2. Si un grupo tiene un conflicto con otro, los respectivos presidentes deberán reunirse para hablar y resolver el problema.
Si uno de los miembros de un grupo tiene un conflicto con uno de los miembros de otro grupo, ambos deberán reunirse para hablar y llegar a una solución pacífica. De fracasar esta medida, la disputa se determinará mediante una pelea entre ambos individuos, después de lo cual se cerrará la cuestión definitivamente.
Si se corre el rumor de que los miembros de 2 o más grupos están atacándose mutuamente, los respectivos líderes deberán reunirse para hablar y resolver el problema.
3. Aquellos grupos que no suscriban al presente tratado de paz deberán reunirse con los presidentes de la Familia, quienes les explicarán las condiciones de dicho tratado. Se dará entonces al grupo la oportunidad de:
Unirse
Disgregarse por voluntad propia
Ser disgregado a la fuerza.
4. Los presidentes de la Familia se reunirán de tanto en tanto para debatir las inquietudes de los grupos.

Esta es la paz que nos comprometemos a mantener.
Que haya paz entre todas las pandillas y una poderosa unidad.”

Tratado de paz entre las pandillas del bronx. Página 86-87 del Libro Generación Hip Hop de Jeff Chang.


Lamentablemente la tregua no pudo sostenerse por mucho tiempo, en gran parte por una gran campaña policial, ya que estaba en contra de sus intereses el cese del derramamiento de sangre por parte de los jóvenes.
Esta reunión ocurrida el 8 de diciembre de 1971 es histórica para el Hip Hop porque antecede su propósito esencial, menos de 2 años antes de su fundación reconocida en 1973.
Los Ghetto Brothers se convirtieron en leyendas que intentaron por todos los medios a su disposición que en las calles circule un código de respeto, unión y autodefensa, lo mismo que Malcolm X alzando su voz, o que 2pac con Thug Life 20 años más adelante. El jóven Bam Bam, más tarde conocido como Afrika Bambaataa, formó parte de esta reunión que también contribuyó a un cambio de enfoque en su vida, siendo uno de los reconocidos tres pilares de la cultura, como fundador de la Zulu Nation, poco tiempo después.

En palabras de KRS ONE, el Hip Hop se trata de Paz, Amor, Unidad, y Diversión.

No estamos cerca de que sus propósitos sean tangibles, pero tampoco lejos.
En cada época, de ejemplo a ejemplo, es como culturalmente puede derrumbarse el personalismo, el individualismo feroz que nos quiere superficialmente unidos, y pero no en espíritu. Lo más importante de esta lectura y este revisionismo es que logremos comprender que esto no forma parte de una ficción, una historia amarillista armada, o un chisme que terminó en un ensayo. Esto es una porción de historia, viva y real, y cada porción es literalmente de vida y muerte.

2 comentarios en “EL BRONX QUE DESENCADENÓ LA FUNDACIÓN DEL HIP HOP”

  1. Muchas gracias por el espacio, como siempre. Quería dejar el último párrafo de la nota, ya que hay un error de tipeo mínimo, pero que podría confundir al lector:
    «No estamos cerca de que sus propósitos sean tangibles, pero tampoco lejos.
    En cada época, de ejemplo a ejemplo, es como culturalmente puede derrumbarse el personalismo, el individualismo feroz que nos quiere superficialmente unidos, y pero no en espíritu. Lo más importante de esta lectura y este revisionismo es que logremos comprender que esto no forma parte de una ficción, una historia amarillista armada, o un chisme que terminó en un ensayo. Esto es una porción de historia, viva y real, y cada porción es literalmente de vida y muerte.»

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