EL DESPERTAR DEL SUEÑO AMERICANO

¿De qué se trata ‘lograrlo’? ¿Se trata de hacerlo o de hacernos? ¿Se trata exponerse¨o imponerse?

La idea del “sueño americano” se remonta al siglo XVI, los ingleses que habían conquistado tierras en el norte de nuestro continente las vendían bajo el concepto de que América era “la tierra de las oportunidades”. En la década de 1930 Estados Unidos sufre las consecuencias de la gran depresión generada por el crack del ‘29. Luego de semejante golpe bursátil dicha sociedad necesitaba reestabilizarse no solo económicamente sino moralmente, es por esto que se retoma el concepto pero esta vez para uso interno. Esta ideología, que hoy en día es usada bajo el nombre actualizado de meritocracia, prometía a los ciudadanos que con trabajo estaba garantizado el éxito, la prosperidad y sobre todo la movilidad social. En otras palabras no importa en qué lugar de la pirámide social hayas nacido, siempre y cuando labures con dedicación, podías llegar a su cúspide. Demás está decir que en la práctica se trata de una falacia pero el uso de su teoría fue muy poderoso para levantar una sociedad a base de un patriotismo muy marcado.

Primero que nada no puedo no decir que siendo orgullosamente latino considero que usar la palabra américa para una sola parte del continente y especialmente para un solo país es una falta de respeto a su longitud y su composición. Segundo es interesante recalcar que un sueño no es una promesa, es un deseo por realizar y que como todo deseo, se mantiene vivo mientras no se logre, no se sacie. El arte, como reflejo de la sociedad, nunca estuvo exento de este sueño, ser artista se confundió con ser reconocido y ser reconocido se asocia con estar en la cúspide. Los elegidos para estar en este Olimpo social son los más poderosos, sea por dinero, belleza, importancia o cualquier medio, puesto que no son solo ellos sino sus medios los que los ayudan a mantenerse.

Soñar con poder afecta y se arraiga principalmente a las clases más bajas, no porque sean más crédulas necesariamente sino que mientras más imposible parezca el sueño más efectivo es para los que tienen que empoderarse por si mismos. Todos sabemos que el hip hop nace siendo la expresión de los suburbios que padecían el anarquismo pandillero y que aunque se use el eufemismo de “música urbana” cuando se trata de prensa o de premios, en realidad representa en su origen a las clases más ignoradas, populares y menos poderosas que se levantan para ser reconocidas con sus necesidades. Es por esto que el hip hop está directamente relacionado, no solo geográficamente sino también ideológicamente con el sueño americano. Podemos apreciarlo en los artistas que presumen como eje de su contenido ser poseedores de  mujeres, dinero o fama, es decir, poder.

Ahora bien, el juego ha cambiado, la tecnología ha ampliado los espectros del mainstream y la sociedad sufre siempre de una metamorfosis constante. Hay nuevas voces, nuevas ideas y más independencia. Cuando tratan a la mujer de puta, nos choca la trata y la violencia de género; aunque nos hablen de dinero sabemos hay artistas que a pesar de ser bastante apreciados no comen de su arte y trabajan como cualquier otra persona durante la semana (Como diría el MC español Piezas: ‘del arte no se come, se come del gusto de la mayoría’) y por último mientras más famoso sea un artista más comercial está obligado a ser, para agradarle a la mayoría de las personas, es por esto que los que deciden no vender su forma de ser se conforman con una pseudo-fama que les permite mantener los orígenes en el camino.

Todo esto nos lleva a la siguiente incógnita: ¿No es hora de replantearnos qué significa lograrlo?. En la opinión de este redactor no hay que dejar de soñar, porque nos mantiene despiertos. Pero no hay que ser crédulos, la cúspide quizá siga siendo el empoderamiento, pero no el personal, sino el colectivo porque ese es el que desafía el status quo que hace de la meritocracia una falacia. Ese, es un deseo insaciable.

Por Santiago Sammartino aka. Santi Samezo.

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