El hip hop visto desde afuera (¡desde lejos no se ve!)

Posiblemente, mi primer contacto más o menos serio con el género haya ocurrido a principios de los 2000, con la película 8 Mile (2002), protagonizada por Eminem. Recuerdo flashes del film: las calles de los suburbios de Detroit, la relación (conflictiva) entre blancos de clases medias bajas y negros, la violencia, los duelos entre raperos.

Pasó mucho tiempo hasta que volví a vincularme con esa “cultura”; sin embargo, ya no tenía que ver con la periferia urbana norteamericana. Las historias estaban ahora mucho más a mano: Claypole, Florencio Varela, Fuerte Apache o San Miguel. Recordé un dossier que publicamos en el portal AGENCIA PACO URONDO: “El hip hop sale de los barrios bajos”, decía Nahuel Opromolla. Un tiempo después, corría ya el 2016, cubrimos periodísticamente el festival «Mi cara, mi ropa y mi barrio no son delito» en la villa 31. «Muchos adolescentes se dan cuenta de que el hip hop representa algo de su vida, de su barrio, o algo que les pasó”, nos dijo esa vez el rapero Akuma.

En las dos historias está presente esa sensibilidad social que mantiene esa música (que es más que música), en Estados Unidos o en el Gran Buenos Aires. Que por supuesto no agota todo ese arte popular, que cada vez es más complejo. Y que desde lejos me sigue llamando mucho la atención.

 

Por Enrique de la Calle (Columnista invitado)

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