El mercado, los orígenes y lo real.

Mucho pensé antes de ponerme a escribir esta nota. ¿Es una nota? ¿Es un editorial? ¿Es una opinión? ¿Cómo lo publico? Los acontecimientos que estuvieron dándose en la escena hip hop Argentina me ponen en la necesidad de expresarme y también de poner un alto para pensar. Pero son tantos, y no dejan de sucederse, que esa rapidez es a su vez, un acontecimiento en si mismo. Entonces de nuevo, ¿Cómo? .En estos casos siempre me fue útil pensar por partes, escribir mientras lo pienso, y luego sacar una conclusión de lo escrito, por lo tanto aquí va.

Ya lo dijimos mil veces en esta revista, y no hace falta que lo escribamos para darse cuenta. El hip hop nacional crece, y con esto crece todo. En los últimos tiempos, tuvimos acontecimientos que a cualquiera que esté en la movida hace un tiempo, nos hicieron ruido, nos obligaron a tomar una postura, y esto si bien es impactante, hace bien. Vamos a pensarlos un poco.

Bajaron a Kodigo del Lollapallooza a causa de una denuncia por violencia de género y violencia domestica.
Sí, luego del tercer año consecutivo que se lleva a cabo la marcha de «NI UNA MENOS», luego de un amanecer auspicioso para l@s militantes de la igualdad de género y el feminismo en el mundo; hay cosas que no se conceden. Si fajas a una mina, va a haber un castigo, y si la justicia es lenta, entonces la condena va a ser social.  Como cultura fue un choque fuerte. Nos obligó a tomar una postura, pero sobre todo, nos obligó a reflexionar: ¿Hay lugar para la violencia de género en el hiphop argentino?

Las tantas reacciones que se dieron a partir de este hecho, ponen en evidencia que estamos en el proceso de una de las tantas columnas conformacionales que hacen a toda cultura: pensar sus principios éticos y morales. Analizar esa línea que dice, “loco, en esta cultura, hasta acá se acepta, si la pasas, entonces no te queremos bajo esta bandera”.
Cada actor de la cultura, claro está, tendrá su posición tomada, o al menos una opinión, y cada una será un poco diferente. Pero como colectivo, la suma de las conjunciones en esas opiniones, hace crecer, hizo crecer e hizo que de a poco se comience a vislumbrar la dirección de esos principios éticos y morales. Continuamos.

Federico Bal, figura mediática, participante hace unos años del programa dirigido por Marcelo Tinelli, sacó una canción de Trap, y los medios masivos de televisión salieron a compararlo con EMINEM. Tanto para analizar.

Vamos por partes:
Primero, y aunque a muchos nos duela admitirlo, no nos confundamos, el Trap nace del Rap. Así como el Funk nace del Soul, y éste a su vez de la música góspel. Tantos horrorizados deben contarse entre los lectores al leer este hecho, como el número de coros góspel horrorizados al escuchar la primer canción de James Brown. Pero es así, hagámonos cargo.

Segundo, analicemos un poco la situación: más allá de los gustos personales de Federico Bal, que no serán puestos en tela de juicio dado que no es su persona el objeto de esta reflexión; la realidad es que no es un artista de la cultura (o por lo menos no lo era hasta que sacó su single, el uso del pretérito o el presente aquí queda a gusto de cada lector), sin embargo su tema tuvo un porcentaje infinitamente mayor de difusión en los medios masivos, que cualquiera de los sacados por actores activos de nuestra cultura. De nuevo, reflexión.

Nuestra cultura se convierte en un mercado. Muchos dirán, ¿Qué problema hay en eso? ¿No es mejor que la gente que forma parte pueda vivir de esto? La respuesta es compleja. Por un lado, el nivel emergente que estamos sufriendo hace que la posibilidad de sustento para nuestros actores sea real y mejor, y eso es algo que hay que celebrar.

Por otro lado, se empiezan a abrir las puertas para aquellos que no ven a la cultura, solo al mercado. El producto, por definición, es algo que cambia y cambiará su contenido con el solo hecho de ser comprado y vendido. Ese es el peligro de que una cultura se convierta en producto.

El single de Federico Bal puede ser tomado como ejemplo de esto. “Che, tengo una rama comercial de una cultura que la está pegando, ponemos una cara famosa, de las que suenan en la tele, ¿vemos como resulta?”, el resultado te lo digo en cifras: medio millón de reproducciones en menos de dos meses, quintuplicando o más a los discos completos de los últimos tiempos de grandes exponentes de nuestra cultura.

De nuevo, como colectivo, nos obliga a pensar. Para los miles que nos alegramos y enorgullecimos de discos como Literal, Real o KAOS & ARMONIA; el tema de Federico Bal no representa nada y no nos molesta (o sí). Pero ¿Y a todos los otros que sólo les llegó esa parte?, ¿Salimos a gritar a cuatro voces que eso no es nosotros? ¿Lo dejamos pasar por el costado? ¿Redoblamos la apuesta de nuestra difusión?

Todo eso lleva al ultimo análisis sobre éste hecho, TN tituló “¿FEDE BAL EL NUEVO EMINEM?”. Los medios de comunicación desinformando. ¿Por donde empezamos? ¿Sabrán acaso algo de historia del Rap? ¿Y del hip hop? El titular da ganas de mandarlos a hacer la tarea ¿No?

Si tuviésemos que empezar con la historia del rap, Eminem es tercera generación. Su primer álbum salió en 1999 mientras que exponentes como Wu Tang y Notorious empezaban a lanzar sus discos en el ’93 y ’94 respectivamente, y 2Pac en el ’91, o aun antes con Digital Underground en el ’89. Asimismo, bandas legendarias como Run DMC o Public Enemy ya detonaban escenarios en los ’80.

Si seguimos con la polémica dentro de la cultura estadounidense, podríamos hablar de porqué EMINEM es el rapero más divulgado y vendido de la cultura hip hop yankee. Los analistas del hip hop norteamericanos lo llaman “white privilege”, privilegio blanco en castellano. Y hace alusión a la ventaja que generan los mercados y empresas de ese país a todo aquel que sea caucásico, con fundamento en una nación con una gran historia de discriminación racial.
Se mire por donde se lo mire, el medio de difusión masiva erró al desinformar. Y esto, también merece una reflexión.

Para concluir, y haciéndome eco de lo escrito, lo vivido, y lo por venir, no son menores cosas a pensar para una cultura que se afirma mientras crece, tópicos como principios éticos y morales, divulgación artística y divulgación histórica. Nos construimos como cultura, y si bien es un desafío, también es un privilegio y una alegría. Por más masiva que se torne cada parte conformacional, no perdamos de vista que son nuestras voces las que hacen día a día a esta cultura, los que exponen, los que la viven, los que la piensas y sienten. Somos parte, somos nosotros.

Teo Levin aka Pas, Familia Revista Flow.

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