EL PROBLEMA QUE PERSISTE.

Por Kevin Dirienso Poter – @kevindpoter

Era hora ya de escribir un poco. La voragine pandémica y ese constante quehacer en el encierro, me estuvieron imposibilitando el sentarme a escribir. Con café, mate, cerveza o algo fresco, ese rato sagrado para sacar de adentro pensamientos y opiniones no estuvo. Pero acá estamos, seguimos vivos y es lo que importa. Durante estos días donde me «aleje» bastante de la movida, me puse a pensar en el ego y en como esta actitud humana, repercute de manera directa e indirecta también en el crecimiento masivo de la cultura Hip Hop.

Si bien es cierto que hoy en día, el movimiento está mucho más expuesto, no me termina de cerrar la idea de que estamos «pegaos» o como quieran llamarlo. El rap en Argentina aún está virgen y sigue esperando su momento que dada la actualidad parece estar realmente «a la vuelta de la esquina». Allí y cual tigre cazador, esperan los artistas su hora para exprimirla e intentar, como merecen, vivir de esto. Si hacemos una encuesta acerca de los sueños de cada uno de lxs raperxs, me juego un órgano vital a que ganaría por una amplitud considerable la respuesta: vivir de mi música, de lo que me gusta hacer. Y sí, ¿A qué ser humano con sueños claros, no le gustaría vivir de lo que ama? Pero que tan posible es y que tan imposible resulta hacerlo en Argentina, dónde no existe una industria como tal que respalde a lxs artistas independientes.

La música aparte de ser un arte, es un negocio y lo que no se consume no forma parte de esa nube, por ende, el ostracismo domina a muchxs que tienen un mensaje claro, listo para ser recibido por miles y millones. Pero hay un filtro, hay una especie de mundo aparte donde los likes y los seguidores determinan el valor artístico por ante el valor artístico en si mismo. Una locura de este mundo 2.0, una más y van…

Pero hete aquí el otro problema. Un problema que para muchos es meramente una postura, una especie de jerga implícita en el rap desde siempre y que se encuentra en cada lugar del planeta. No es un problema autóctono pero si tiene una mayor incidencia en nuestro país dada la no industria en la que vivimos. El rap es un género desconocido para la mayoría de los oyentes de música Argentina. La razón de esa poca visualización o una de las razones es ese ego inexplicable que envuelve a lxs raperxs. Tener ego está bien, te hace crecer y tener esa autocritica necesaria para no estancar un avance lógico y productivo. Pero cual es la razón para interponer ese ego en cada uno de los tracks o de los discos, o en actitudes totalmente perjudiciales para la comunidad. Si bien es cierto que ese ego esta presente en el rap desde siempre, en los países con una industria hecha y derecha funciona, hay un mercado creado para, pero en Argentina ese ego lxs hace quedar mal y autodestruye un trabajo que en conjunto podría ser mucho más productivo y generaría un crecimiento muy marcado para el rap argentino.

En otro país, Estados Unidos por ejemplo, los raperos son egolatras con una carrera y una masividad que los avala, es decir que esa disputa les resulta funcional y repercute en su propio crecimiento. Pero no podemos comparar un monstruo a nivel mundial, con lo que sucede acá donde el rapero más escuchado no tiene incidencia en el rap mundial. Parece un comentario hater pero es la realidad: EL RAP ARGENTINO NO SUENA EN NINGÚN OTRO PAÍS. Le pondría el «casi» adelante del no suena, pero no cambiaría demasiado la ecuación. Pongamos el ejemplo más claro, hace años en Colombia se realiza anualmente el festival Hip Hop al Parque, que se convirtió en el festival más importante y convocante de toda América Latina en materia rap. Salvo en 2015 nunca hubo un artista nacional representando al país. Ahí esta la muestra, la realidad de Argentina fuera de Argentina.

Dicho esto, me pregunto ¿No sería más redituable empezar a trabajar en esa unión de la que tanto se habla pero que muy poco se practica para llevar el status raperil argentino al verdadero siguiente nivel? Nadie pide imposibles, acá esta clarísimo que no todxs deben pensar igual o llevarse bien. A veces con la indiferencia alcanza, pero trabajar en esa unión lejos de favorecer a unos pocos, haría del rap argentino un movimiento sólido. Hace años, casi desde que escucho rap, que esa sensación de «este es el año» nos envuelve y nunca explota. El rap ese ese fósforo que se enciende vigorosamente pero que al cabo de segundos se extingue en su propio fuego. No quema, solo alerta. No se termina de encender, arranca pero no avanza.

Es hora ya que como movimiento artístico se crezca con convicción, es momento que el contagio entre lxs que hacen bien las cosas llegue a quienes miran su propio ombligo. Es momento de desplazar el ego, el «yo» para pensar por un rato en el «nosotrxs». Crecer de manera colectiva no implica quererse entre todxs, sino de trabajar dejando las diferencias, alguna de ellas realmente insólitas, y conquistar de una buena vez por todas el mundo. Talento, capacidad, laburo serio y comprometido, en nuestro país sobra. Humildad, respeto y unión por ahora faltan. Y espero que ese por ahora sea literal, para dentro de unos años leer esto y sentirme un pelotudo a gran escala.

De momento y solo de momento ese ego inexplicable sigue siendo el repelente del éxito colectivo…

 

 

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