EL VIEJO Y QUERIDO LADO B.

Siglo XXI, baby boomers, milennials y centennials conviviendo en un mundo donde la tecnología nos marca el tiempo y nos abre los caminos. Por supuesto la música no está exenta de estos cambios. Redes sociales, aplicaciones, links de música ON LINE y la llegada masiva a un click de distancia se han ido introduciendo en la vida de las personas y han logrado modificar sus conductas cotidianas.

Se podría decir y está totalmente comprobado que el argentino es un ser pasional. El fútbol, la política, el automovilismo y la música son claras muestras de ello. Tan solo una banda, o un artista solista definen (no siempre) una manera de pensar, de vestirse y de interactuar con el otro.

Bandas chicas hubo siempre, las hay hoy en día y existirán mañana. Pero hubo un cambio que logró mutar la actividad musical de esas agrupaciones que nacieron en un garaje y que aspiran a llegar lejos en esta profesión. La actividad comercial, la difusión y la consagración no se producen de la misma manera que hace veinte años atrás. En la actualidad muchos factores inciden en la masificación de los nuevos artistas.

La movida underground en todos sus aspectos (música, teatro, pintura, cine, etc.) afloró en nuestro país a partir del año 1983 luego de la caída del gobierno militar como un grupo que daba lugar a la expresión del “ser” fuera de todos los estereotipos y alejada completamente de las masas como lo eran por ese entonces (en cuanto a música) bandas como “Virus”, “Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota” o los ya consagradísimos Luis Alberto Spinetta y Charly Garcia por citar algunos ejemplos. Por aquellos años la “dependencia virtual” se encontraba lejos, casi como el hip hop en nuestro país. Todo era real, más físico y contundente.

Mientras en la esfera global, el rap, crecía a pasos agigantados y atravesaba la que fue denominada como la “era dorada del rap”, en Argentina, el rock ocupaba absolutamente todas las primeras planas de la escena under nacional.

Ahora bien, es para destacar que ninguna de las bandas o artistas existentes nacieron con el éxito y la fama bajo el brazo, todos emergieron desde el under y le deben a este sub-mundo gran parte de su éxito. Es entonces que tenemos que entenderlo como un fenómeno cultural y no como algo pasajero y abstracto en el tiempo.

Las cosas cambiaron y la tecnología es la gran responsable de esas modificaciones. Las bandas under ahora tienen más herramientas para dar a conocer sus trabajos. Tranquilamente lo pueden hacer de manera digital sin necesidad de editar un disco en formato físico. Esto claramente abarata los costos de producción y de distribución del material. También pueden ganar seguidores, en un principio virtuales, de manera más rápida y sencilla, haciéndose de cierta popularidad “subreal”. Facebook, Twitter, Instagram y por supuesto YouTube son esos medios que obran de representantes para aquellos que quieren triunfar en esta industria, que de por sí parece un poco despareja e injusta.

Se podría decir que la innovación genera puertas hacia la fama que antes no existían. Un canal en YouTube permite subir el material y darle la posibilidad a millones de usuarios en todas partes del mundo de llegar a conocer a determinado artista o banda que busca pegar el tan ansiado salto a la popularidad, consiguiendo tal vez, un contrato discográfico.

Esto ultimo es tal vez un tanto discutible en nuestro mundo hiphopero. No todos los artistas que se encuentran inmersos en esta cultura buscan fama, dinero o reconocimiento. Lo cierto es que los caminos se acortaron. Siguen siendo sinuosos pero hay muchas variables que antes no se avistaban en el corto plazo.

El hip hop de por sí es under. Por lo menos en nuestro país lo sigue siendo y de cierta forma está bueno que así sea. El talento, el arte y los ideales que rodean a la doble h hacen de ella (como siempre remarco) una cultura completa y que es digna de ser descubierta e «investigada».

Ahora bien, muchos piensan que ser “under” es ser poco profesional (sacando el dinero de por medio), es sonar mal o ser un simple “aficionado”. Vale aclarar que esto no es así, sino todo lo contrario, ser under no significa ser descuidado artísticamente o sonar mal. Ser under es no pertenecer al mercado de masas, al mainstream del éxito comercial. Para la gran mayoría de las bandas u artistas under el éxito no es económico ni de popularidad, el éxito se encuentra en la fidelidad del o los artistas hacia su creación.

Actualmente y gracias a las aplicaciones de música ON LINE muchísimas bandas pueden, además de dar a conocer su arte, ganar dinero de ello permitiendo la descarga de las canciones o álbum (dependiendo del caso). Pese a no ser primordial el éxito económico, si es importante el “boca en boca” y la mucha o poca recaudación que puedan tener las bandas under, es utilizada para el perfeccionamiento de la agrupación, mejores equipos, viáticos, fletes, etc.

En nuestro país esta movida ha ido creciendo y ramificándose ocupando un lugar predominante en la noche, sobre todo en Capital Federal que se ha llenado de recovecos “desconocidos” inundados de personas con una contracultura popular, dando paso a un gran periplo  en donde podemos disfrutar de buena música, gratis o por lo menos a bajo costo y muy rica en cuanto a talento se refiera. El mundo underground tiene una puerta de entrada pero jamás una de salida.

Es aquí cuando es necesario destacar el trabajo del artista desde todo punto de vista. El movimiento underground es rico en contenido y desde el lugar del espectador es necesario fomentarlo. Las grandes corporaciones son ese «enemigo» a derrotar, ¿Con dinero?, No, con ese material inigualable que los artistas dan a conocer sin las intromisiones del poderío económico que, lamentablemente, mueve al mundo. El hip hop es eso, es la respuesta y la máxima expresión del «no me importa otra cosa que dar mi mensaje y que llegue tal cual se quiere comunicar».

Es importante destacar también, el papel que juegan desde hace varios años los tan mencionados “centros culturales” o casas de cultura en diferentes barrios con distintas carencias. Ya sean públicos o con alguna financiación privada, cumplen un rol fundamental para el desarrollo de la movida underground, además de ayudar para mejorar la calidad de vida en una localidad o barrio.

Por otro lado y no menos importante, se encuentran los sellos discográficos independientes, algunos con mas “fama” que otros y cada cual con su género musical de cabecera. La movida under genera una riqueza y una variedad artística inmensa que es linda de explorar, de investigar  y porque no, de experimentar. Así como los sellos discográficos, existen las disquerías, que viejas y casi en el ostracismo por la llegada de las nuevas tecnologías, nos siguen ofreciendo ese mercado desconocido de rarezas. Las disquerías siguen siendo, aunque en menor medida, una enorme vidriera para esos artistas que quieren mostrarse en un mercado difícil pero cada dia menos imposible.

El under es todo aquello que esta por fuera de las masas y tratando siempre la máxima expresión del ser en todas sus dimensiones. Para el que se anime, no deje de recorrer la noche under, algún barcito, algún bolichito y disfrute de grandes artistas, por demás talentosos y que todo lo hacen por amor al arte, por amor a la profesión que es lo más importante. Para cerrar dejo una frase que describe casi a la perfección a la movida under, esa a la cual el rap le debe la vida… “El movimiento under es la esencia de la música. Su alma”

Por Kevin Dirienso Poter

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