Hip Hop: CNN

Por Marcos «Shakya» Rajier – @shakya.young.shakur & Martin Patric (redactor invitado).

“El rap era la CNN de la comunidad negra de los Estados Unidos de norteamérica. Un medio de comunicación alternativo y controlado por los jóvenes, que podía unificar nuevamente a una raza fragmentada por la integración”
Decía chuck D, el integrante principal de Public Enemy en una de sus entrevistas.

No es poco notable el hecho de que culturalmente, el Hip Hop viene a brindarnos un lenguaje universal con múltiples disciplinas, para expresar las incertidumbres, los sueños, las pesadillas y las realidades de millones de jóvenes a lo largo del mundo.

Es tal el potencial trasgresor del rap, que los grupos hegemónicos, dueños de los mecanismos de explotación audiovisual, no pueden evitar su visibilidad, aunque si desviar, desorientar los enfoques primordiales de este fenómeno cultural, para banalizar toda esa carga simbólica, comercializar esta misma banalización, y brindarle un espacio en el mercado a quienes entretienen. Esa es la razón por la que aún estamos alejados de la situación que observa Chuck D sobre el rap en Estados Unidos.

El propósito de esta estigmatización mediática, que recorre todo un camino de justificación de la censura y de tirarle palabras aleatorias a un artista para que las rapee por tv; es el de implantar la idea de que el arte no es un patrimonio cultural de la humanidad, sino un simple medio de entretenimiento.

Por esta razón es tan difícil ganarse la vida en américa latina continuando el legado y la responsabilidad histórica que nos plantea la cultura Hip Hop. La industria está cerrada para quienes vienen a decir algo. Los invito a que simplemente busquen un tema de Lil Supa, luego uno de Duki, y comparen el nivel de consumo de ambos.

Vivimos en un contexto donde la hiperinformación, el hiperconsumo y la sobreoferta invisibilizan artistas. Una nueva censura legítima que aísla la expresión genuina para estigmatizar y romantizar una realidad opresiva.

El Hip Hop nos viene a plantear que la revolución también debe ser cultural, alejado de ser solamente algo simbólico. La expresión es revolucionaria cuando relata realidades que las estructuras sociales tratan de suprimir.

Los mecanismos de poder entienden el potencial que tiene el Hip Hop para transgredir, para marcar todo tipo de tendencias, para transmitir un mensaje concreto de liberación, de libre expresión y autoconocimiento. Por ende, adelantándose a toda esta potencialidad, al Hip Hop se lo transgrede y se lo coloca en un lugar de entretenimiento.

El consumo masivo, en su mayoría de adolescentes y adultos jóvenes, se orienta a la reproducción de los mismos comportamientos sociales de siempre, y al planteo del mismo tipo de problemáticas: Desamores, consumo, éxito, fama, peleas superficiales.

Mientras los artistas oriundos de la madre tierra del Hip Hop utilizaban la violencia como su metáfora más simbólica y poderosa, planteando escenarios inversos a por ejemplo, la paliza a Rodney King, rememorando hazañas de Malcom X y de Huey P Newton, relatando historias como la de Jonathan Jackson, claramente desafiando al poder y llamando a la unidad, los referentes argentinos de se bardean entre sí por idioteces. La famosa grieta se reproduce en todos los aspectos socioculturales, por ende afecta directamente a nuestro Hip Hop: Claramente tenemos una comunidad de artistas que representan la continuación de este legado histórico, por el cual gracias a ellos la escena local está donde está, no hace falta mencionar a quienes dieron numerosos pasos significativos para el desarrollo del movimiento. Por otro lado tenemos una comunidad de artistas de exportación, siguiendo un poco la ideología del “granero del mundo”, a quienes el mercado privilegia y premia.

El movimiento está ganando consumo masivo. La gran mayoría del país está inconscientemente merodeando aspectos de la cultura. Mcs de todo el país están ganando plata con sus producciones originales.

El siguiente paso a dar es el reconocimiento del contexto social que nos rodea a todos y todas, y comprender la potencialidad que tiene la plataforma que paso a paso se viene construyendo.

El beef como estrategia de marketing, el mensaje exitista, la reversión del “american dream”,del mega éxito individual y de la meritocracia, ignoran y distraen toda esa energía capaz de realizar acciones significativas por una reconstrucción cultural y social.

Como explicaba Malcom x en su autobiografía: La “X” es un modo de reconocerse como sujeto social, de aceptar que la estructura del poder durante siglos arrebató las identidades de los afrodescendientes, quienes nunca conocerán en profundidad sus demacradas raíces. En otras palabras, adoptar ese apellido es reconocerse oprimido. Lejos de vivir un contexto distinto, se presenta una dualidad característica de este siglo:

Todavía se reproducen los abusos de autoridad, la utilización de la violencia, la permisión a que sigan ocurriendo tragedias que dejan explícita una situación de desigualdad; y a su vez, una sobreinformación avasallante, que en su virtualidad deshace las situaciones concretas de opresión. Que frente a angustiantes ejemplos de injusticia, viene a implantar la ideología de que la democracia no es más ni menos que la opinión, colocando al ser humano común en una posición de espectador de la historia, y amenazando sutilmente a quienes entienden que justamente el carácter que más identifica a la democracia es la acción.

Es por esto que, en una nueva sociedad donde la pasividad plantea revoluciones desde el lenguaje, es tiempo de convertir este lenguaje en acción, y esta no es nada más que la expresión genuina. Es momento de combatir contra la estigmatización y mercantilización de ideologías liberadoras. Y una de las herramientas más potentes de las últimas décadas, la cultura que ni más ni menos nos enseñó a despojarnos de las imposiciones de lo políticamente correcto, es el Hip Hop.

 

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