Hip Hop como respuesta política: El movimiento que reivindica la historia negra y simboliza una batalla cultural ganada

Por Marcos «Shakya» Raijer (@shakya.young.shakur
        Shonin Cabral (@shonincabral)
        Sucre Martin Patric (@sucrepatric)

¿Qué es lo primero que viene a tu cabeza cuando escuchas la palabra “rap” o “hip hop”? Es innegable que ha sido la cultura más influyente de los últimos 30 años, pero, ¿en qué sentido? ¿Un movimiento que históricamente plantó la vara explícita en el arte desenmascarando a las diferentes instituciones y medios de las fuerzas opresoras; o un espectáculo publicitario asociado a ritmos de trap, batallas de freestyle y cortinas publicitarias? 

La mayoría ignora que la apropiación cultural perpetrada por los dueños de la hegemonía tiene más años de historia que el mismo Hip Hop, y viene de la mano de un intento sistemático por aislar, censurar y estigmatizar el trasfondo de este movimiento tan complejo, para apropiarse de su superficie, entiéndase su estética, aspectos generales de su sonido, cortes de vestimenta, etc. 

¿Por qué fue aplicada esta estrategia política? Justamente para borrar con el codo la historia apasionante de la cultura Hip Hop, registro innegable de la esclavitud, del racismo, de la estigmatización, y la desigualdad. 

Así, la deshumanización de la esclavitud, mutaba a la deshumanización construida a partir de la criminalizaciónrelata de forma impecable Bárbara Pistoia en “Por qué escuchamos a Tupac Shakur”, respecto al agravio metódico hacia las personas negras de Estados Unidos, sometidas, casi como una tradición, a oleadas de encarcelamientos, luego de avanzar en su lucha histórica por reivindicar sus derechos civiles y humanos. 

Justamente de esto habla “Fuck the police” (1988) el icónico tema de NWA, protagonizado por Ice Cube, inmortalizando un contexto de brutalidad policial ordenado por un gobierno de derecha tras otro: Reagan, Bush y Clinton, caracterizados por invertir millones de dólares en construcción de nuevas cárceles; medidas como el “3rd Strike”, la facilitación judicial para juzgar niños como adultos, y la creación de un perfil criminal que básicamente describía la vestimenta de los jóvenes negros y latinos de USA, a ojos del estado “pandilleros”. 

Otra de las medidas impulsadas, teóricamente por vecinos y vecinas de suburbios de todo el país, fue el Parental Advisory, que básicamente legitima la censura en la música Rap y acusa con el dedo criminalizador de influir a los más jóvenes, blancos y sanos, con sus letras; cuando en realidad, en su gran mayoría, son testimonios de la realidad social, cultural y política opresiva volcados en la música. 

A pesar de que esta medida sea disparada por la canción “So Horny” de 2 Live Crew, un grupo de California que hizo música de fiesta, NWA es la banda que personifica a qué tipo de grupos musicales esta medida pretendía perjudicar, tildándolos de pandilleros. Ahora bien, como dijo Eazy E: “toda publicidad es buena publicidad”. Intentar censurar las voces que por primera vez podían gritar a tal magnitud sobrevino en el efecto contrario: acercó a NWA y al denominado “Gangsta Rap” a las puertas del mainstream, convirtiendo a “Fuck The Police” en el segundo hito que avanzaría hacia la universalidad del Hip Hop, teniendo a “Rapper’s delight” como el primero, salvo que esta segunda vez llevado a cabo por un grupo que definía a las claras de qué se trataba esta expresión cultural, y que reivindicaba la historia de los invisibilizados. 

Resumiendo, y volviendo a citar a Bárbara Pistoia, “El término (pandilla) llega como una nueva pieza discursiva que continúa una línea temporal: esclavo, violador, criminal, pandillero”. 

Acá es necesario, para finalizar con esta sección, indagar nuevamente en la historia y explicar uno de los puntos de la cita: el de la línea temporal perteneciente a “Violador”. Estados Unidos de Norteamérica se posiciona en la historia como uno de los principales países esclavistas, cientos y cientos de barcos llenos de familias africanas secuestradas tuvieron su destino en él. Ahí desembarcaron millones de personas, que luego fueron comercializadas por terratenientes, empresarios y hasta políticos blancos, para ser sus sirvientes, trabajar sus tierras y construir sus casas. 

Pocos grupos destacados lucharon por el abolicionismo de la esclavitud en el siglo XIX en los Estados Unidos, pero no es sino hasta 1860, de la mano de Frederick Douglass, un ex-esclavo que logra escaparse de su amo, cuando el discurso de igualdad comienza a expandirse y masificarse en ese país. 

Recién en 1880 surge la Enmienda N°14 que los reconoce como ciudadanos. Los derechos civiles básicos los consiguen 80 años después, en 1960, y aún así, las burocracias y los gobiernos norteamericanos se las rebuscaron para hacerle trampa a estos derechos obtenidos. 

La criminalización no comienza en los 80’ en Estados Unidos sino 100 años antes, cuando algunas familias negras dejaban de ser esclavas, y pasaban a ser personas libres, con un gran listado de limitaciones, por supuesto. Allí comienza un agravio sistemático a la dignidad del ex esclavo: La cuna de su estigmatización. 

Irónicamente, dejar de ser esclavo, era ser un criminal. Existieron oleadas de linchamientos y masacres de lo más sangrientas, y bajadas de línea mediática destinadas a estigmatizar a los afrodescendientes. Otro método de criminalización es la utilización de generalizaciones, para intentar meter a todos en una misma bolsa. Un ejemplo es la forma en que crearon la imagen del “negro violador”, fogoneando ese concepto al máximo en los medios de difusión, decretando al afroamericano como estereotipo de la imagen del violador, lo que principalmente sería aprovechado para intentar borrar las innumerables violaciones a las esclavas en la fundación del mestizaje norteamericano forzado. Maridos volviendo de haber violado a sus esclavas, entrando a sus casas e infundiéndole a sus esposas el miedo al hombre negro, más viril y fuerte que ellos, y potencialmente violador. 

De vuelta a los 90, ya teniendo más fresca esta hipocresía y comprendiendo la línea temporal de la que habla Bárbara Pistoia, es importante que aunque sea 30 años tarde, nos preguntemos: 

¿Cómo reacciona la estructura dominante frente a los cambios culturales que impulsa la cultura Hip Hop desde su nacimiento? 

Considerando las tres etapas de la verdad: ridiculización, oposición violenta, y aceptación. Sería conveniente predecir el curso de las reacciones o ataques al movimiento Hip Hop como en una primera etapa de ridiculizar, infiltrarse y banalizar el contenido artístico, las expresiones y reclamos colectivos, sus símbolos, etcétera, y proyectar una galería de talentos en fila que permanezcan no solamente estériles e indiferentes, sino también cómplices del dolor de su pueblo y/o de su entorno; servirse de imitar los mismos movimientos con una información distinta, modificada por aquellas personas que explotan el arte a beneficio de un privilegio personal, o, si se nos permite decir más claramente, a beneficio de su vanidad; sacar provecho del mercado en el que hábilmente han invertido las grandes firmas comerciales, ignorantes de los tiempos que vivimos o quizá demasiado bien enterados. Un ejemplo de esto puede ser fácilmente comprobado en la utilización del rostro del Che o en una botella de Coca-Cola en el desierto. 

La segunda etapa de reacciones, cuyas facultades no le impiden ser paralela y simultánea con la primera, es la de la oposición violenta, la represión sistemática, los policías, las persecuciones, el espionaje, desapariciones y todo lo permitido legalmente por el tan venerado sistema de seguridad, que reafirma su autoridad en la violencia suprema. De esto tenemos tantos ejemplos terribles, que no es necesario mencionar (ya los canales de noticias se encargan de la agenda del crimen). Pero debemos recordar la muerte de George Floyd, quien supo ser miembro de la legendaria Screwed Up Click, y reconocer que no deja de ser normal enterarnos de algún rapero arrestado por las temáticas de sus canciones, especialmente en Europa. La tercera etapa, realmente, pudo haber sido la primera. En el momento que aceptan el potencial del daño que le podemos causar a su economía, mejor dicho, a sus privilegios; comienzan a operar de forma cada vez más refinada y acelerada, aprovechando la confusión provocada por una guerra comunicacional, una crisis social que aumenta, hacia una nueva conquista y control de los espacios ya liberados y hacia el adormecimiento de la vitalidad natural de las ideas en la juventud, hasta una negociación sumisa para finalizar con un ataque traicionero. Dicho de otra manera, un golpe o un tiro por la espalda. 

Un gran ejemplo de movimientos que enfrentan este agravio sistemático es el Feminismo, bombardeado por el amarillismo positivista que intenta reducir su importancia histórica a una cuestión de moda y confort, estigmatizado políticamente, y desestimado constantemente con humor violento. Las mayorías aún no se enteran que es un movimiento totalmente revolucionario y con más de 60 años de historia. 

El Hip Hop, que tomó la iniciativa de mantener viva la memoria mostrando al planeta la historia de la opresión, utilizando la violencia como su metáfora más contundente para exponer la violencia a la que el pueblo siempre fue sometido, logra que las supremacías dominantes lo vean como amenaza y pretendan anularlo. De esta manera resurge la política sistemática de criminalización a la cultura, que está vigente hasta el día de hoy: ese registro de la violencia vuelve con más violencia simbólica. Ahora los violentos somos los artistas que exponemos la realidad. 

Ponga atención a una particular y ácida ironía que describe el absurdo con el que muchas veces operan desde los núcleos de poder:

Mientras las “mecas” de la moda internacional reivindicaban la original y expresiva vestimenta “urbana”, posicionando el Street Wear en los más altos estratos del mundo de la Ropa, nacía la “Ley de prevención y combate contra el terrorismo callejero” que devino en el Gang Reporting Evaluation and Tracking System, o GREAT, la base de datos nacional más extensa del país, fundada para almacenar información personal de “posibles pandilleros” estableciendo una serie de características estéticas de aquellos jóvenes con todo el derecho de circular en las calles: determinados colores de ropa, peinados, modismos o joyas. 

Ocho de cada diez registrados en la lista negra de jóvenes norteamericanos, eran afroamericanos y latinos. 

(Hip Hop evolution de Jeff Chang, capítulo 16) 

¿Cómo deberíamos proceder como sujetos sociales y culturales que amamos esta cultura? 

20 años después de The Chronic 2001 nos encontramos con una escena Latina lidiando con el desarrollo de su propia “Golden Age”, Con la industria de la música subdesarrollada y el crecimiento a buen ritmo de los eventos culturales de Hip Hop más abocados al entretenimiento. Por esta misma razón es preciso hacer nuestro esfuerzo por reivindicar las raíces ideológicas e históricas de una cultura universal que está siendo tapada por una gran nube en momentos creativos lumínicos. Es nuestra responsabilidad como jóvenes comprometernos en la lucha para ayudar a comprender y dejarle un camino más despejado a las demás generaciones; revelar el envoltorio forzoso que el mercado le impone a la cultura

“La vida me dio la palabra, honraré este don como se honra a una madre. De modo claro o en parábola, diré bien alto lo que se piensa por lo bajo. No escuches a los verdugos que nos llaman culpables, 
me han dicho que estoy loca, que el rap es vender discos, 
que está hecho para forrarse y no para correr riesgos,
que no se ataca a un tanque con un cuchillo.”
Keny Arkana.

Deja un comentario