¿LA MÚSICA SE ESCUCHA CON LOS OJOS?

Por Kevin Dirienso Poter – @kevindpoter

No recuerdo el momento exacto, pero de un tiempo a esta parte pareciera que la música se escucha con los ojos. «¿Qué estas diciendo?» pueden preguntar y mi respuesta no sería otra que afirmar lo que pienso. Lxs artistas de hoy son muñequitos de un mercado que los maquilla y los lookea para la ocasión. Ya dejo de importar el talento, la afinación o la capacidad compositiva. Si sos maleable, al toque, la mismísima industria se encarga de encasillarte en un sector y cual publicidad de Facebook va segmentando tu «arte» en favor de un público rentable.

Aquí hay dos opciones: 1) Te bajas los lompas, te pones un chaleco fluo, una remera grande con tintes anime, te metes agua oxigenada a mas no poder y tal vez safes de tener que poner tonada centroamericana. Solo tal vez. Una vez disfrazado es simple, tenes que intentar rimar, no importa la temática, mientras suene como para la «party» esta bien. La otra opción, la 2. La que es utópica y que no garantiza «triunfar» en la música (a esta altura ya no se que es triunfar en la música). Esta es la opción para los que quieren mantenerse «reales» y que pelean contra los molinos de viento no vendiendo el culo por algunos centavos de dolar. Este grupo es el rebelde, el que mantiene con vida los últimos vestigios de la gloria y que no pretende el éxito por sobre la condición de artista.

Seas del equipo que seas, es importante entender la coyuntura social y esa es la que indica que los prototipos creados para vender funcionan y que el mercado quiere cerebros vacíos repitiendo rimas con tonada de país caribeño. El público actual está lejos de querer mensajes. En la party no hay lugar para la sapiencia y la sapiencia lejos está de la música de plástico . Lxs jóvenes de hoy no leen, no escuchan, no investigan. Son entes que van por la vida digitados por esos peces gordos de la industria que manejan lo que escuchan, dicen, etc. Las personas en masa son maleables y esto para aquellos que exprimen el arte en busca del dinerillo, es una cuenta matemática perfecta que representa ganancia. En un capitulo muy famoso de Los Simuladores (el mejor producto televisivo argentino de todos los tiempos para mi) Santos le demuestra a uno de sus clientes que la rebeldía no pasaba por usar las remeras antisistema que producen los multimillonarios. La escena es magnífica y en simples palabras el personaje interpretado por Federico D`Elia le explica al joven con cara de asombro, que esos «rebeldes» manejan autos importados y  viven en barrios privados a costa de lxs «antisistema» que compran sus remeras. En la música hoy está pasando un poco lo mismo, seguro paso siempre, pero hoy es notorio.

La música dejo de ser música para ser una vidriera de un montón de títeres que van por ahí inundando las playlist, las apps de música, etc. Lxs adolescentes carecen de muchxs cosas y eso esta bien. Adolecer de algo significa no tenerlo o estar en búsqueda de ese algo y la música nos acompaña en ese trayecto hacia descubrirnos como personas. Todxs fuimos cambiando gustos, estilos y hemos viajado por muchxs géneros. Pero el rap es rap, el rap es tangible, no es de plástico o no debería serlo. El rap es real o no es rap y punto. Creo que la llegada de la tecnología atento gravemente contra la elección, porque de recorrer por nuestra cuenta una disquería eligiendo entre toda la oferta, pasamos a escuchar un millón de veces una canción hasta que nos entra al organismo, por la simple razón de que alguien puso plata para ello. El mérito ya no es mérito, los premios ya no reflejan un ganador y el talento paso a ser el último requisito para hacer música remplazado vilmente por la apariencia, la ropita, las joyas y todo el decorado que acompaña.

Grave es para mi que la música se mida por videoclips. Enormemente aterrador es que un vídeo tenga más importancia que un DISCO. De que la gente no lea pasamos al la gente no escucha, la gente no opina, la gente no protesta, el rap ahora es mainstream y yo quiero morirme. No me adapto y tampoco quiero hacerlo, no logro ser parte de un circo macabro que reprime el arte hasta hacerlo amorfo y monótono. Hace algunos meses, Jai 314 editó un disco llamado «El Rock está muerto» y la pucha si lo está. Para desligarme del rap, para salir de este panorama, no existen más los rockeros, no hay más Spinettas, ahora predominan «los chanos». Las bandas que antes dividían el publico por sus estilos disimiles hoy suenan igual. «¿Qué estas escuchando?» preguntan, «Conociendo Rusia» responde, «Ahh, pensé que era Indios» se resigna. ¿Se entiende?

Dentro de todo ese mundo sin magia están lxs músicos que aún aman lo que hacen. Están esos que siguen laburando «de otra cosa» para poder grabar, producir, para seguir manteniendo ese fueguito sagrado con vida. Esxs, lxs que aún vagan por el mundo con la mochila repleta de canciones para compartir sin interés no se encuentran disponibles en el mundo de hoy. Pareciera que no existen, que no están ahí, que no sirven. Y que lo parió si son necesarios.

Además, mientras escribo pienso y que ironía que en la era de la «comunicación», de la información a destajo y donde «todxs tienen herramientas para…», esxs artistas sean los menos beneficiados de la cadena. Pagan para ser parte de algo que lxs excluye, que no los ayuda si no son «rentables».

En fin, una opinión que despertó para ser algo más profundo que pronto leerán de mi parte. Continuará…

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