La profesionalización, esa materia pendiente.

La Profesionalización es el proceso social por el cual se mejoran las habilidades de una persona para hacerla competitiva en términos de su profesión u oficio. Así se define una tarea pendiente en nuestra amada cultura. Ser profesional o no es una cuestión de elección y de esa elección dependerá, para mi gusto y con argumentos de por medio, el crecimiento del hip hop en Argentina.

Vivimos en un país complicado, exitísta, individualista, con una economía cambiante y dentro de una sociedad que cual montaña rusa atraviesa sus días repleta de vaivenes. La política no es la excepción, gane quien gane perdemos todos una y otra vez. Aun así es hora de hacernos cargo y que ese cambio venga desde el epicentro del país, del hip hop en este caso.

Una de las cosas que más me enamoró de la doble H es la unión, la solidaridad y el respeto que veo en muchas situaciones. La unión y el respeto por el otro. Sin embargo no soy ciego, así como veo una hermandad explicita veo también egos estúpidos, comentarios que no suman y una terrible necesidad al confronte innecesario entre gente que sin miedo a equivocarme ama de igual forma a esta hermosísima cultura. El hip hop es de todos y somos todos esos que decimos amarlo quienes debemos cuidarlo, mimarlo y expandirlo en el buen sentido. En todo esto hay claros ejemplos de profesionalización.

El emblemático Chuk D habla en su libro “Figth the Power” acerca de cómo fue cambiando la perspectiva en torno al rap y como de a poco se fue convirtiendo en una industria sustentable. Entonces porque nuestro rap, nuestro hh no es una industria sustentable aún. La respuesta está ahí, en esa falta de seriedad en torno a cuestiones indispensables. En otros países podemos ver filósofos hip hop, políticos hip hop, empresarios hip hop, periodistas hip hop, abogados hip hop, etc. En Argentina todo eso está en pañales y pese a que muchos puedan decirme “lo que pasa es que no se si acá muchos quieren estudiar acerca de la cultura” no me importa, y no es que no me importa por ser un pedante, no me importa porque les puedo asegurar que a las disqueras neoyorquinas de finales de la década del 70 tampoco veían un futuro prospero en la música rap, lo mismo sucedía con los medios de comunicación, etc. Todo eso se fue gestando muy de a poco y cuando un mercado incipiente empezaba a manifestarse.

Así, a paso de hormiga se fue generando un negocio. Ese mercado del que tanto hablo en nuestro país existe, porque yo veo un Luna Park repleto, veo pibes cada vez más chicos que prestan atención a todo esto, y es ahí donde entra la profesionalización para captar esa atención y con mucha seriedad “plantar una semilla” en cada una de las personas que ven algo en el hip hop. Se aprecian nenes con ganas de tener la remera de tal o la gorra de otro tal, veo al gobierno utilizar talleres de hip hop como nexo con los barrios más necesitados, veo al hip hop como vidriera de grandes festivales y es en ese terreno donde se tiene que empezar a trabajar. Falta sí pero falta cada vez menos y es esa corta distancia la que nos tiene que hacer despertar.

El rapero es músico y si no se lo cree, debe hacerlo para empezar a cambiar esa mentalidad cuadrada que no nos permite sonar como suenan los que recorren el mundo. No creo que al chino Orion le falte como para hacer fechas en España como lo hacen Natos y Waor acá. No creo que todo el laburo que hace Nucleo por el hip hop sea menos que el que hacen desde países como Colombia. Material hay de sobra, experiencia también, a mi gusto nos falta un golpe de horno para darnos cuenta que podemos competir como una industria hecha y derecha. Nadie dice que es fácil, por supuesto, yo ahora estoy escribiendo esto sentado atrás de una compu y soñando con un futuro en donde de verdad el hip hop argentino resuene a lo largo del mundo como lo hace el chileno, país vecino, del cual debemos aprender mucho. El mercado está, existe, tal vez no es gigante pero nada en un principio lo es, todo se construye desde el trabajo, desde el trabajo serio, disciplinado y a base de mucho sacrificio.

En la edición de agosto, la emblemática revista Rolling Stone, eligió para su portada y nota principal a un pibe que a simple vista parece estar en cualquiera pero que en profundidad se puede observar hacia donde apunta. Mauro Lombardo, Duki, como todos lo conocemos dejo en su entrevista con la Rolling mucha tela para cortar. Declaraciones polémicas, definiciones de su música, pero sobre todo una forma de ver la industria y es en este último punto donde quiero poner énfasis. No existen, de hecho creo y me animo a decir que esta entrevista es la primera en donde Duki repasa sus inicios y presta declaraciones acerca de su corta pero exitosa carrera y durante el transcurso de la nota remarca constantemente sus ganas de no encasillarse en un estilo, ni ser rehén de un sello discográfico que muchas veces maneja a destajo las decisiones de los artistas. Puede gustarte o no el contenido de este trapero de 22 años pero sin dudas y luego de repasar varias veces sus dichos, tiene los pies bastante centrados.

El ejemplo de Duki va de la mano con ese crecimiento exponencial de un posible y muy potable mercado que si bien apunta más al trap, no deja de retroalimentar al rap. La Rolling Stone es la revista en formato clásico y en su versión digital, más leída por los amantes de la música y sin pensarlo decidió con total seguridad poner en su portada nada más ni nada menos a un artista que lejos está de la identidad clásica del medio. Todos sabemos que más alla del nombre ganado durante años, la revista depende del Grupo La Nación, uno de los multimedios más (sino el más) conservadores de nuestro país. Entonces, ¿qué hacen arriesgando con una portada de un pibe veinteañero con declaraciones polémicas?. La respuesta es simple, el mercado está apto para ello. Y eso es motivo de festejo para todos a los que nos gusta la cultura y todo lo que tenga que ver con ella.

Un Gran Rex lleno, un próximo segundo Luna Park repleto, una tapa en la Rolling Stone y una especie de apertura del estado en materia de talleres que tienen a la doble H como protagonista hacen posible la generación de una industria. Pero no va a ocurrir del todo y seguirá siendo todo demasiado sectorizado e individualista si no cambiamos la perspectiva.  A mi parecer, jamás llegaremos a tocar ni una uña de “gloria” y no hablo de dinero, hablo de reconocimiento, si seguimos contándonos las costillas entre nosotros, si seguimos criticando con “mala leche”, si seguimos alardeando de una unión que a simple vista esta pero que en las profundidades no existe. Y es en donde esa comparación “musical” entre el rap y el trap se revierte a una comparación de hermandad. ¿Es tan unido el mundillo rap como el mundillo trap?

Durante este 2018, salieron a la luz trabajos impresionantes con una calidad tremenda que habla a las claras de lo que yo llamo “madurez artística” y eso está buenísimo porque por h o por b la vara está alta y marca el camino. Los laburos audiovisuales rompen ese molde y cada vez se cranean más y más para impactar en la escena. Punto positivo. Los eventos internacionales son cada vez más solicitados, las visitas son cada vez más seguidas y eso genera un público mucho más masivo. Nuclear esto con algo de industria Argentina es materia semi pendiente.

Son varios entonces los ítems positivos que podemos ver ¿qué falta? Falta creérsela un poco, apostar más aún. Si el Aldo llena Palermo Club, una banda u artista nacional debe explotarlo y es ahí donde nos necesitamos. Es imposible llevarse bien con absolutamente todos, eso ya es una cualidad humana y pasa en todos los ámbitos donde una persona convive, pero la autodestrucción es nuestro peor enemigo, el egoísmo, el egocentrismo, la crítica destructiva y la constante pelea absurda entre muchos de los que formamos esta cultura hacen que ese “mercado” del cual hablamos no llegue a formarse. El amiguismo sirve siempre y cuando se sustente con la realidad, y no afecte al entorno general de la cultura, algo que sucede con bastante frecuencia como por ejemplo ver siempre a los mismos en los eventos más clásicos.

Cuando hablo de profesionalización no estoy hablando de títulos colgados en una pared, ni de diplomas, ni de horas de estudio. Me quiero referir a la seriedad para llevar a cabo los proyectos, a las ganas de sonar bien, a las horas de trabajo para un producto serio y trabajando, a querer aprender, a expandir la mente y las fronteras. Si eso no pasa me animo a decir que van a pasar los años, las generaciones y todo seguirá ahí, en stand by. Pese a que esa explosión masiva llego y es una realidad, todavía no lo es para todos sino para algunos. Ahí está, en mi opinión, el cambio. Para ese lado habría que timonear y empezar a vislumbrar un horizonte donde el hip hop argentino sea de todos y no solo de unos pocos.

Por Kevin Dirienso Poter

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