«Me gustaría tener una fundación, un centro cultural»

Humilde, carismático y por demás multifacético. Así podemos “definir”, por más difícil que nos resulte, a Milo Moya. El Beatboxer, B-boy  y activista de la cultura doble H nos hace un repaso por sus comienzos, sus gustos y sus opiniones más diversas. Café de por medio, Milo suelta declaraciones interesantes. Hablando de su pasado, de su presente y de su futuro a medio y corto plazo, este artista de vocación deslumbra una personalidad única y que merece ser reconocida.

Bajo un frio incesante apaleado por el humeante café caliente comenzamos la entrevista con este genio de la doble H.

¿Cómo te definís dentro de la movida? ¿Sos B-Boy o sos Beatboxer?

Ufff (se ríe) creo que soy un poco de las dos. Amo bailar, nunca deje de hacerlo pero creo que soy más beatboxer que b-boy. De hecho el beatbox me dió mucho más que el breaking o el popping que es mi disciplina.

¿En qué momento de tu carrera te encontras? 

Actualmente estoy armando junto a Villa Diamante, la primer Orquesta de Beatbox Nacional, ese es mi proyecto más firme y al cual le estoy metiendo a full. Ademas estoy dando talleres y también tengo la banda con mis amigos Diamante y Pato Smink, llamada “Diamante Moya Smink”. Tengo ganas y el proyecto está de hacer algo solo, algo más personal.  Soy Dj y me gustaría hacer algo como una mezcla de un set list con el mundo del beatbox. Pero como dije antes creo que lo más fuerte en lo que vengo trabajando es en el armado de la Orquesta de Beatbox, además de mis trabajos con el Combinado Argentino de Danza del cual soy miembro.

¿Cómo ves a los B-boys en la actualidad?

Creo que cambio mucho. Por estos días noto que se perdió un poco la originalidad. En mi época era todo más original, más propio, todos los pibes tenían algo interesante. Estaba el que giraba, el que bailaba a contratiempo a propósito, el que hacia locuras, etc. Hoy hay miles de bailarines y si bien se evolucionó en cuanto a técnica y perfeccionamiento se fue perdiendo la originalidad, la impronta.

Y a los beatboxers, ¿Cómo los ves?

Con el beatbox me pasa un poco lo mismo. Yo deje de competir hace mucho, no era algo que me hacía bien pero hoy es todo distinto. Las competencias de beatbox cambiaron, es todo muy pactado, estructurado y justamente lo más lindo de la disciplina era esa falta de estructuras, esa descontractura que tenía. Hoy todos los pibes hacen trap y se olvidaron de lo autóctono, le falta matiz, color a los beats.

¿Cómo arrancaste a bailar?

Arranque en la danza por mi papá, el es b-boy de la vieja escuela y me crié viéndolo bailar, mame eso. Yo en el cochecito festejando las piruetas y sus bailes. 

¿Cómo arrancaste en el beat-box?

En la parte de beatboxer soy completamente autodidacta. Me nació mientras jugaba con mis muñecos. Al principio me daba mucha vergüenza y era algo que me reservaba para mí, para mi momento de fantasía. Arranque armando la historia de dos muñecos y hacía los ruidos de las peleas entre ellos tipo Mortal Kombat pero en ese entonces nadie sabía nada. Todo esto fue antes de empezar a bailar con mi papá.

¿Cómo lo diste a conocer, como fue ese momento?

Primero se lo mostré a un amigo y le encantó. Después a mi mamá y lo mismo, quedó fascinada y por ultimo llego el turno de mi papá que no lo podía creer. Cuando vi que a todos les gustaba tomé confianza y empecé a tomarlo con mayor seriedad.  Al tiempo teníamos un bache en el show que dábamos con la compañía de mi viejo y me dijo “Dale anda y hace beatbox” yo le dije estás loco no quiero, pero él insistió asique me paré y empecé a improvisar, cuando vi que la gente explotó, dije “esto es lo mío” (se ríe).

Si Milo tuviese 12, 13, 14 años con esta mentalidad de hoy, ¿Crees que encajarías en la movida actual?

Yo creo que no, no encajaría definitivamente. En mi época todo era más difícil, ahora todo está al alcance. Yo me siento nutrido por la música por ese motivo de tener que buscar y que sea un lio conseguir un cassette. Los chicos ahora no se interiorizan, todo es más efímero, más superficial, por eso creo que no encajaría hoy en día.

Tuviste la posibilidad de hacer colaboraciones y compartir escenario con infinidad de artistas, ¿Qué nos podes contar de esas experiencias?

Desde ya que todas las colaboraciones o esas invitaciones te dejan algo hermoso, son experiencias increíbles. No tengo alguna por encima de la otra pero creo que por ejemplo haber sido invitado por Santiago Vazquez (creador de la Bomba del Tiempo) o por Dante Spinetta son esas increíbles. Pero en realidad son todas, todas te dejan algo increíble.  

¿Te consideras un activista del Hip Hop?

Sí, por supuesto. Me considero un activista del Hip Hop y mi papá tuvo muchísimo que ver en esto. El me acercó la cultura.

Hablando un poco de actualidad, ¿Qué opinas del trap?

El trap me divierte. Me divierte ese sonido minimalista y sobre todo me divierte mucho cuando se creen mil (se ríe).  Respeto al que vive tal cual trasmite pero el que se hace el del gueto, que aparece con autos caros y lleno de dólares pero trabaja ocho horas en una fábrica y con lo que gana se paga el videoclip me divierte mucho.

¿Ves calidad artística en el trap?

No creo que sea necesaria una gran calidad artística para hacer trap. El trap no deja de ser un estilo de vida más ligero que lo que puede llegar a ser el hip hop.

¿Qué pensas de aquellos que afirman que “el trap es la evolución del rap”?

Creo que todos aquellos que afirman algo así no están entendiendo lo que dicen. El trap es un ritmo híbrido no es la evolución de algo. Viene de una fusión entre algo tecno, un poco de rap, algo de reggaetón, un sonido bien minimalista, un híbrido.

¿Qué opinas de las diferencias surgidas entre la vieja y la nueva escuela? 

Creo que la mayor diferencia está en el valor que se le da a las cosas. A nosotros los que venimos hace años nos costaba el doble y hasta tal vez el triple conseguir un tema, hacer un evento o simplemente tener información. Los pibes hoy en día tienen todo al alcance de la mano y eso los hace valorar mucho menos todo. Como decíamos antes, hoy todo es más efímero, más superficial.

Un sueño, un proyecto…

Me gustaría tener una fundación, un centro cultural, donde aquellos que por cuestiones económicas no puedan perfeccionarse o tomar clases puedan hacerlo. Que todos puedan tener la oportunidad que yo tuve. Yo crecí en un centro cultural y hoy en dia soy lo que soy en parte por ese empuje y esa enseñanza que tuve que de no ser por el centro cultural nunca hubiese podido pagar.  También me gustaría tener mi propio sello discográfico. Una mansión con lugar para todos, ese es mi sueño.

 

Por Kevin Dirienso Poter

Agradecimientos: A Milo por su amabilidad y su predisposición.

Fotos: Facebook de Milo Moya.

 

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