NO HAY REVOLUCIÓN SIN INCLUSIÓN.

Por Lautaro «Lykao» Yanes – @yanes.lykao

Que la cultura Hip Hop forma parte de la agenda social, musical y cultural nacional es un hecho. Para comprender la importancia que fue tomando con él pasar del tiempo en nuestro país basta con ver la lista de las canciones más escuchadas en Spotify Argentina donde por semana al menos 2 temas de rap o trap entran en el top 10, o los distintos festivales que juntan miles de personas fecha tras fecha.

Según Kool Herc, el Dj a quién se le atribuye la creación de esta cultura a mediados de los años 70 en Nueva York, el HH “es un movimiento revolucionario en sí mismo”. El motivo del surgimiento de este radica en la lucha racial que atravesaban los afroamericanos en ese entonces ante una sociedad y un poder político excluyente. Sí traemos estos principios a nuestro espacio y tiempo probablemente la definición no cambiaría demasiado, pero sí los actores, o actrices. Si bien los afroargentinos conforman un colectivo que a lo largo de la historia sufrió la discriminación y la invisibilización, existe un grupo social mucho más numeroso que, a pesar del revuelo que su contienda por una mayor inclusión tomó en los últimos años, no logró (o no lo dejaron) tomar partido en este movimiento social ascendente; las mujeres y los y las artistas trans y no binarios.

Hoy por hoy son muy pocas las mujeres argentinas que triunfan haciendo rap, por lo menos mucho menos que los hombres. Esto, para quienes integran el movimiento y creen que hay aspectos que deberían cambiar, es un problema de base. “El lugar donde el machismo se ve más a flor de piel es en las plazas -primer lugar donde cualquier artista de un género urbano debe “ganarse el nombre” sí espera triunfar de alguna manera– ahí se celebran rimas homofóbicas, gordofobicas y se sexualiza a las mujeres”, asegura La Negra Buggiani, rapera marplatense que reside en La Plata. “Para nosotras es muy normal que en forma de halago nos digan “rapeas como hombre, muy bien” y eso es horrible” agrega Clipper, rapera y graffitera uruguaya instalada en Buenos Aires.

Siguiendo el hilo del planteo de que la exclusión de lo femenino y lo no binario es parte de un problema estructural en el Hip Hop nacional, Lx Kabronx, artista argentina de género no binario, asegura que existe cierta responsabilidad a asumir por parte del público. “Creo que es importante que nos empecemos a cuestionar como
espectadores, rol en el que sin darnos cuenta muchas veces terminamos reproduciendo o siendo cómplices de los mismos actos machistas que tanto cuestionamos”, explica. Clipper sostiene esta idea a partir de una experiencia personal nada agradable: “En una batalla de freestyle -disciplina en la que dos raperos se enfrentan en una pelea argumentativa a base de rimas- llegaron a decirme que iban a meterme un brazo adentro de mis genitales cuando me vieran en el colectivo y más de 200 personas festejaron la frase”, confiesa.

Debido al auge que atravesó en los últimos años, el movimiento feminista ha sabido irrumpir en los rincones más conservadores y retrógrados de nuestra sociedad y por ende también lo hizo en el Hip Hop. “Últimamente por suerte se habla bastante de la inclusión de la mujer en la cultura” asegura Clipper. Un ejemplo de esto es la declaración de Brasita rapera porteña que afirma que “cada vez son más los organizadores de eventos que se auto-exigen, ya sea por presión social o determinación propia, la presencia de artistas mujeres en sus shows”. Sin embargo, esta es una actitud que genera discrepancia en algunos sectores de la cultura “no soy partícipe de que te llamen a tocar o a hacer algo solo por ser mujer y llenar ese cupo”, declara la artista uruguaya mencionada anteriormente.

Existen iniciativas como La Liga Feminista de Freestyle y eventos con esta temática relacionados al rap, graffiti y breakdance, donde solo se aceptan artistas mujeres, que intentan impulsar al movimiento hacia una realidad más inclusiva. Sin embargo, hay quienes creen que muchas veces esto termina siendo una traba para las artistas. “Por un lado estas fechas sirven para visibilizar a la mujeres, pero llevarlos a cabo en forma masiva genera que se siga haciendo diferencia entre hombres y mujeres, por lo cual termina siendo contraproducente.” explica Kreiluz, rapera de Posadas, Misiones.

En definitiva, el Hip Hop, al igual que la marea verde, se sigue abriendo camino en la coyuntura social argentina y así se mantendrá por, probablemente, mucho tiempo más. De lo que va a depender el desarrollo del movimiento en territorio nacional va a ser de la aceptación que obtenga en la población, sobre todo en los jóvenes. Sin dudas la inclusión y la diversidad son un camino a este objetivo, el cual de a poco se está logrando, pero aún le queda un largo camino por recorrer.

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