«PIOLA» (2019) – LUIS ALEJANDRO PEREZ

Por Rocío Lombardo – @fleko.foto_

SINOPSIS:

Martin y Charly pasan el tiempo haciendo música rap. Una noche encuentran un arma cargada en las orillas de un cerro, mientras Sol, pierde a su perra. Aunque aparentemente inconexas, estas historias están íntimamente ligadas, formando el retrato de jóvenes en su difícil paso a la adultez.

Piola es el primer largometraje del director chileno Luis Alejandro Perez y nos cuenta la historia, por un lado de un grupo de chicos de secundaria que integran un grupo de rap y sueñan con vivir de la música, y por otro la vida de Sol, una chica que cursa en la misma escuela pero en otro año.

Las historias comienzan por separado, incluso separadas por títulos indicadores. La cámara va siguiendo a unx de lxs protagonistas a la vez. La conexión es inminente. Y cuando sucede, nos ofrece a un grupo de jóvenes casi desconocidxs conteniéndose unxs a otrxs. Es el retrato de una generación.

La vi por primera vez, en el festival de cine de Mar del Plata 2021, proyectada en mi habitación dado que esta edción fui virtual por la situación de la pandemia. Pero por la hora y 43 minutos que dura el film, sentí que realmente estaba en las calles de Chile. Es un film sensible, que sabe hacernos empatizar con cada uno de los personajes. Nos cuenta un fragmento de la vida de estxs chicxs, hasta parece que se desdibuja el conflicto de relato clásico personaje quiere tal cosa pero otro se le opone. Y creo que eso es parte de lo que hace a este audiovisual tan especial: son adolescentes intentando hacer lo que les gusta. Con los sueños más puros de vivir de lo que les gusta y jugársela, pero chocándose con los obstáculos del mundo adulto. Xadres que no creen que valga la pena lo que hacen, la paternidad joven, madre sobreprotectora, hasta la policía persiguiéndote por rapear un rato.

Perez realmente supo transmitirnos ese sentimiento de ser joven en un mundo caótico que constantemente perece hacernos sentir que los problemas no tienen salida. Además, sabe narrar desde la situacionalidad: es una producción Chilena y se encargan de que eso no se le olvide al espectador. No nos propone situaciones de raperos yankees importadas a Latinoamérica. Sino que es la historia de personas de barrio, que recurren al Hip Hop para expresarse, divertirse y escapar del cotidiano. Que la cultura Hip Hop es parte de nuestro ambiente. Y en este caso rescato que hayan decidido mantener modismos chilenos en una película pensada para el mercado exterior. Este es su punto más fuerte, y por el cual creo, se lleva todos los premios en los festivales de cine del mundo y LatAm.

Pero también tiene sus puntos débiles que opacan a lo que está bien logrado. Y es que lo más importante en todo film es el guion, la historia que se cuenta. No importa la calidad técnica de la que se disponga, si es cine industrial o independiente, la potencialidad de la película se encuentra en el guión. Que el relato sea coherente. 

Entonces, lo primero que me resultó extraño es que lo que moviliza a la banda de los chicos y que está presente toda la película es que tienen que llegar todos a tiempo a la radio para una entrevista, parece la única posibilidad de hacerse famosos que tienen. Los habían llamado porque enviaron un demo. Esto me hizo preguntarme en qué año transcurren los hechos porque todo parece actual y contemporáneo pero hoy por hoy entre lxs jóvenes la radio no es el medio más consumido y lo más común es subir temás a YouTube y compartirlos. Y para convocar extras para su videoclip, hay redes sociales, no es necesario ir a la radio.

Por otro lado, si bien no está mal usar el cliché del Rap como la tribu contestataria del barrio porque está bien aplicado en este caso, la escena donde la profesora los manda a dirección por usar un insulto en el rap que presentaron en clase es un poco exagerada, poco verosímil y solo para mostrar que son los “raros que hacen música que no le gusta a lxs adultxs”. Y… los actores elegidos son algo mayores para estar en secundaria.

En un momento, los chicos encuentran un arma. Y ese momento queda muy forzado solo porque la pistola será importante más tarde: es de mañana temprano y están muy cansados, pero de camino a sus destinos suben un cerro, y ahí solo encuentran el arma (esto podría haber ocurrido en otro momento pertinente de la historia en lugar de escribir una escena solo para eso). Y acá empiezan algunas conveniencias de guion. Como la llegada de los policías a la calle donde están grabando el videoclip, que parece carecer de motivación y se usa como motivación para el encuentro con Sol y el final.

Pero los policías no los echa. Entienden que no hacen nada malo y los dejan quedarse 5’ mas. Entonces, porque sí, un desconocido avienta una piedra al patrullero. Nuestros protagonistas huyen del desbando que se arma y al cruzar la calle los atropella Sol en el auto que le robó a su mamá. Esta coincidencia se puede disculpar, pero es extraño que se detengan porque encuentran a una persona en las vías que mata gatos por diversión. Una escena fuera de contexto solo para que se  descubra que Martín tiene el arma en el bolsillo.

Lxs chicxs encuentran la contención entre ellxs, sus pares que lxs entienden y en lxs que pueden apoyarse. Pero quedan algunos cabos sueltos: ¿qué pasó con la  madre que Sol abandonó en la farmacia? ¿Con el fotógrafo de la crew que la poli se llevo en el incidente? ¿Con los xadres de Martín que se mudaron sin él? ¿Y con la pareja de sol?

En fin, Piola está disponible en Netflix y es digno de celebrar que nuestro cine latinoamericano llegue a las plataformas que le ofrecen un alcance tan grande. Lo que sí, la sinopsis que escribió la plataforma de la N nombra a lxs protagonistas como “adolescentes inadaptados”, y no. Son adolescentes como cualquiera que les gusta el rap.

Un largometraje independiente latino, con la amistad y los obstáculos del volverse adultx, la música y el hip hop como premisa, con buena fotografía y dirección pero un argumento que tiene sus tropiezos.

Le doy 2.5/5 flequillitos.

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