QUE RECUERDEN NUESTRO NOMBRE.

Por Rocio Lombardo – @fleko.foto_

Sábado por la mañana: mientras desayunaba y chequeaba las redes, me encontré con la misma foto en todas las historias. Su firma y debajo los años 1966-2020. Por un día, la música estuvo en pausa y toda la comunidad Hip Hop compartía la obra de quién considero el fotógrafo más prestigioso del movimiento. Chi Modu había muerto. Pero su legajo sobrevivirá a todxs nosotrxs.

Como mujer que habita la cultura Hip Hop desde la fotografía y el audiovisual, puedo decir que me siento identificada con su trabajo y con sus objetivos. Supo darles identidad visual a muchas figuras de la historia que hasta entonces no la tenían definida. Trabajó con artistas como Snoop Dogg, Biggie Smalls, Tupac Shakur, LL Cool J entre otros (y hablo en masculino porque no encontré mujeres en sus trabajos). Para él no había división Este-Oeste, y esta es una de las cosas que lo hacen tan grande: la sensibilidad con la que sus fotografías nos cuentan la historia, contribuye a desmentir los prejuicios del Hip Hop

Puso su conocimiento y su arte al servicio de documentar la escena del rap en el Estados Unidos de los 90. Y en 2021, la escena mundial llora su perdida. Uno de los pocos casos (como lo fue en febrero el deceso de Ricky Powell) en los que se recuerda a quien está detrás de cámara. Esto me hizo pensar mucho en lo importante que puede legar a ser nuestra mirada particular y reafirmar quien quiero ser como fotógrafa de la cultura.

Lxs gestorxs culturales tenemos una tarea que hace que cada une de nosotres tenga una impronta distinta: narrar desde nuestra situación, no serle indiferentes al contexto y mostrar lo bello, lo interesante, lo conmovedor que se encuentra en dónde no todo el mundo sabe mirar. Y eso es algo que les grandes referentes tenían muy claro. Así como Martha Cooper y Henry Chalfant fueron atraveadxs por el nacimiento del Graffiti y su controversia arte-vandalismo, a Modu le interpelaba la guerra de pandillas entre el Este y el Oeste y el extremo abuso policial hacia la comunidad afrodescendiente. Trabajar con artistas de ambas costas fue una manera de expresar la unidad desde su disciplina creativa. Promover los valores del Hip Hop desde la fotografía porque nosotros, quienes vamos por las calles, plazas y eventos con la cámara en la mochila lista para disparar, también vivimos esta cultura desde adentro.

¿Qué está pasando en la actualidad que me defina si el movimiento está en pleno auge y cada vez ocupa más espacios? Justamente eso. Como mujer y trabajadora cultural quiero llevar el Hip Hop a todos los espacios posibles, y que esa tarea sea siempre inclusiva. Hace poco, mientras planificaba un ciclo de cine Hip Hop, me di cuenta que a nivel nacional (y casi que diría mundial) no hay audiovisuales que traten esta temática producidos o guionados por mujeres o disidencias (Solo encontré el documental de Martha Cooper y el documental checo “Girl Power”).  Entonces, yo quiero estar ahí, para documentar y promover la labor de todxs lxs que hacen día a día a la historia de la cultura urbana, y el aporte sociocultural que esto significa, desde mi mirada femenina feminista.

Mientras su firma con los años de nacimiento y fallecimiento inundaba las redes, pensaba qué locura qué bueno que el mundo entero esté recordando el nombre de quien estuvo siempre detrás de cámara y recalcando la importancia de su labor en el crecimiento del arte. En medio de la tristeza por su muerte y el asombro por la relevancia que tiene la obra entera de un fotógrafo inmigrante, afrodescendiente en la época de Bill Clinton, reafirmo qué quiero hacer dentro del movimiento. Que algún día, mi labor sea tan importante que recuerden mi nombre. El de una mujer, trabajadora cultural independiente, nacida y crecida en La Plata que vive el movimiento Hip Hop haciendo fotos, organizando eventos , dirigiendo películas, y ahora también escribiendo.

 

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