«SI UN DÍA ME LA CREO, LO MATO A SAJE»

Por Lautaro «Lykao» Yanes (@lykao.sdc) & Gian Franco Lisanti (@itnasil_)

¿En qué momento Kamada deja de ser una idea, un concepto sinónimo de underground en el sentido más positivo de la palabra, un adjetivo que denota el rap más complejo a través de su sencillez, para pasar a ser un grupo de artistas, mc’s, personas? 

Para el caso de Saje, cada lanzamiento parece esa salida de la cueva sobre la que tanto habla, y reaparece su imagen en el sonido. No como componente esencial del lanzamiento, que alimente views, oyentes y deseos ajenos, sino para recordarnos la presencia de un humano de carne, hueso y reflexiones detrás de cada decisión.  

Aura fue su último lanzamiento. Un ep conceptual que roza los diez minutos de duración. El adelanto audiovisual de «Tifon», subido el 15 de mayo, unas horas antes del lanzamiento de las tres canciones, nos marcó el sonido, los colores, los símbolos y las palabras que íbamos a poder ver en el resto de la producción. 

– ¿Cómo fue la recepción del disco? 

Re linda. Justo ese día estábamos grabando algo que todavía no puedo decir así que lo viví con amigos de la movida. Fue muy emocionante. Estábamos ya pensando en lo próximo pero pude vivirlo con cariño, con gente que lo está compartiendo. Muy místico. De parte de la gente re lindo, el público kamadero es hermoso. Está creciendo, me encanta ver eso. 

Después del estreno, metieron sold outs para próximos shows casi instantáneamente. ¿Cómo te estás preparando? ¿Pensaron algo especial para los que recién se suman a su público?

La gente explotó mal. Son tres: dos en el oeste, el 11 y el 18, y otro en el sur, en Temperley, el 25. Me encanta el show. Ahora yo estoy viviendo con Kelo y el hecho de que estemos juntos facilita y hace mucho más conveniente el tema de la preparación, del ensayo. Eso esta re bueno. Hay gente que le re ceba la parte vieja de Kamada, como el primer disco. Esos temas son de hace más de diez años. A veces ya ni sé qué estoy rapeando, qué estoy diciendo. Pero son canciones que tenemos que meter porque sino nos matan. Las disfrutamos obvio, pero éramos personas muy distintas. Yo tenía dieciocho años, ahora tengo treinta. A la vez, intentamos experimentar con cosas nuevas que sean digeribles para los que antes no nos escuchaban. Es difícil, y prácticamente imposible, contentar a todo el mundo. Pero intentamos ser leales a quienes lo fueron con nosotros.

Eso es algo que pasa cuando un artista  logra construir un clásico. 

Si, te persigue hasta el último día. 

¿Con qué ideas te pasa esto de «qué estoy rapeando»?

La letra de «Nirvana verbal» (Kamada Tres Cuatro, 2013), por ejemplo. Me acuerdo que yo estaba re flashando con las métricas, era algo muy incipiente. Era lo primero que hacíamos en este estilo. Era muy nuevo todo. Si bien ya venía rapeando hace tiempo era el primer proyecto serio. En ese tema en particular, siento que se me fue la mano con la poesía, es tan metafórica, es tan abstracta, que por ahí lo puede entender uno solo. En ese momento estaba más concentrado en los flows. Hoy en día me gusta bajar data más concisa. En aquel momento no tenía drama con que me cierre a mí y listo porque yo sabía por qué lo escribía y hoy lo escucho y digo «che me re pintaba». Hoy las letras pasan por muchos más filtros y me voy exigiendo más también. 

En comparación con esos discos y los últimos, Aura y Sajelodonte, ¿el tiempo de elaboración cambió mucho? 

En los primeros temas yo era otra persona. Invocaba más mi lado artista, en el sentido personaje o presencia. Ahora es mucho más esculpido. En el último tema, que todavía no salió, digo “acá más que escribir se cincela”. Desde hace cinco, seis años atrás cada vez me fui poniendo más estricto conmigo mismo y nunca lo vi como algo negativo. Hubo días que estuve con un beat mientras laburaba, iba, venía, y por ahí estuve doce horas y escribí solo cuatro barras pero son cuatro barras que las pongo ahora y me siguen gustando. En cambio si yo iba y me casaba con lo primero, eso no me pasaba. Creo que un poco lo que dicen de Kamada es eso. Kamada para mi es un ratito mas sentado. Después la mística la inyectamos nosotros, le ponemos nuestro cariño personal. Lo siento así, es apoyar el culo y escribir. 

¿En qué momento sentís que apareció Kamada? 

Tenía una banda con Fakir, éramos Perpetua Inmadurez. Lasta y Kelo eran Literalmentes. Todo empezó por juntar Literalmente con Perpetua Inmadurez. Después el Facu empezó a tener otras movidas. Quedamos Lasta, Kelo y yo. El momento en el que nace Kamada trescuatro es ese. Después, renació cuando se fue Lasta. Ese momento de redefinir, de decidir qué íbamos a hacer. Imagínate que la impronta de ser tres se transforma si son dos voces. Yo me frustré, me puse mal. Pensaba en qué le íbamos a decir a la gente que nos quería escuchar a los tres. La realidad es que el tiempo pasa, y más allá de que sea otra mística, seguimos haciendo lo que nos gusta. Con Lasta tenemos la mejor. Hoy el proyecto se llama Kamada e involucra más que nada a Kelo y a mi. 

«Yo cazaba a pie y con arco. Flechas de piedra buscaba en la piel del guanaco. Con su cuero me cubro las piernas cuando nieva cruel y el terraplen pareciera blanco» (Tribal, Aura, 2021)

En Aura hay una constante referencia a una vuelta al origen, al homo sapiens. ¿De dónde viene esa conexión con lo natural?

Creo que del folklore que consumí últimamente. Es algo que me empezó a transmitir mucho mi compañera, de compartirme autores muy piolas. Hugo Gimenez Agüero, Marcelo Berbel, Cafrune, Atahualpa. Ellos tenían esa cosa de la simpleza o de encontrar la profundidad en lo natural, en lo que nos es dado. Después todo eso lo adaptamos a nosotros. Me terminó apasionando también la historia  de nuestras culturas originarias y este proceso de ramificación de la especie a través de todos los continentes. Nosotros podemos saber lo que pasó hace quince mil años, por lo que vemos en las cuevas. Pero también me apasiona saber que hace treinta mil estaban los cherokees en América del norte. Me apasiona como concepto científico y también como eso que nos hace lo que somos. 

«No soy un artista igual a los de la escena actual, yo no te la puedo actuar. No hay bitches. Para mi la habitual comunidad es matriarcal, cosmogonía de ritual, ¿cuál hay? Soy wichi» (El cesar, Sajelodonte, 2018)

Hay muchas veces que en tus letras aparece esta cuestión de la relación entre el origen humano y los pueblos originarios pero haciendo referencia a vos en particular. Además de este amor por el conocimiento, ¿hay algo que sientas que a vos te une con este tema?

Muchas cosas. De chico sentí eso, me miraba al espejo y me preguntaba de dónde vienen estas facciones, a qué corresponden y de más grande empecé a entender que pertenecen a un mestizaje de años que me atraviesa. Mi mama era correntina y ella me contaba que su abuela o bisabuela era una comadrona guaraní, una aborigen autóctona. Desde este punto de vista me interpela. Sin romantizarlo, naturalizandolo. Es algo que siempre me sucedió y me gusta contarlo porque me gustó aprenderlo, y si lo puedo transmitir, buenísimo. 

Claramente preferís visibilizar que reivindicar a estas comunidades, ¿Por qué?

Porque en la reivindicación hay una aceptación de la derrota, de la inferioridad, que para mi no existe. Cada uno hace su peli, estamos intervenidos por un montón de cuestiones culturales, sanguíneas, instintivas y haces lo que podes con eso. A mi me emociona. En el folklore nacional, con estos autores que decía, hay un montón de eso, de reivindicar al aborigen pero no desde la lástima y la compasión sino desde la cuestión histórica que forjó y forja lo que pasa ahora, sin negarla ni rechazarla, solamente apreciándola. Una especie de meditación. 

En definitiva, sos mucho más de la resiliencia que de la reivindicación.

Resiliencia es una palabra que me mueve, me identifica. Me apasiona eso en el sentido filosófico a partir de la cuestión de Nietzsche del amor fati o de los autores estoicos que en vez de plantear a las adversidades que vivieron como simples momentos de mierda, las describen como maestros. No sabes todo lo que me costó sacar esa piedra del camino pero al día siguiente sabes que la persona que sos, sin esa piedra no hubiese existido. Renegar de lo malo me parece también que es una cuestión juvenil, porque me ha pasado mucho tiempo eso de estar mal, mirar todo desde lo negativo, ahora lo abrazo. Pienso en a donde me llevó, de qué manera me ayudó a pensar como pienso ahora. Es un poco feo decirlo, pero a veces miras para el costado y por ahí hay gente que no tuvo esa suerte de que le pasen las cosas malas y los ves ahí sin poder desarrollar eso que para mi te trae el obstáculo. Es romper el músculo y que crezca más grande. El dolor me parece muy interesante desde ese lado.

¿Cuál es tu relación con el dolor?

Tuve una buena crianza pero a la vez me tocaron vivir situaciones que a mis compañeritos no. Hoy justo pensaba en eso. Siempre me decían que era muy maduro pero eso a mi no me sirvió. Cuando un chico es muy maduro es porque le pasan muchas cosas que no están buenas. Es una ambivalencia. Tardé mucho en percibir a los golpes como maestros. Hoy en día, a esta edad, tengo otras herramientas. A esta altura, gracias a esos sufrimientos puedo darme cuenta de que tengo que frenar. Hacer una meditación. Antes también lo hacía, pero esa meditación era de salvataje, era abrir la válvula porque explotaba todo. Entonces, lo fundamental es usar las herramientas, saber la importancia de la salud mental, de meditar, de toda la información que hay disponible, sin excederse, porque hay tanta que después terminas sin saber. Todo lo que tenemos y necesitamos, lo tenemos en el cuerpo. Para mi lo básico es eso. El dolor hoy en día lo vivo a través de la ansiedad. Es algo que le pasa a mucha gente. Nos iguala la ansiedad y creo que tiene que ver con el miedo.

¿Reconoces personas que te hayan abierto el camino de la meditación o sos más del autoaprendizaje?

Me inspiraron personas y circunstancias. Leyendo Siddharta, investigando sobre budismo, preguntándome. Después me llegó una data, un chabon que se llama Wim Hof. El loco activa sus magias con la respiración. Últimamente me volví a acercar a esa cuestión. Uno no se rescata y entras en una vorágine y cuando te querés dar cuenta estás actuando automáticamente y no estás viviendo nada. Creo que eso también nos diferenció a nivel Kamada. En momentos en los que podríamos haber salido a tocar, a mostrarnos, a hacer mil videos, nos dedicamos a crecer nosotros. Eso fue fundamental. Hoy en día el perfil artístico que tenemos lo compartimos, lo cuidamos y lo respetamos. Podemos vivir juntos y tener una relación madura. Si tenes una banda pasan mil cosas y podes tener otros miles de desacuerdos pero creo que con Kelo tuvimos esa cuestión de decir: primero crezcamos nosotros,  estemos seguros de quiénes somos y qué queremos hacer. Ahora tenemos un enfoque super maduro que, para mi, a Kamada le re aporta. Me encanta esta etapa.

«Yo que fui flor sin tallo hasta que un rayo de sol nos miro de soslayo. Ahora mas mayor y mucho menos fashion. Todo consteló y si tocó con Kelon, ni ensayo.» (Tifon, Aura, 2021)

¿Cómo es eso de la flor sin tallo?

La flor sin tallo es la persona sin recursos desde el punto de vista de no nacer en cuna de oro. Yo tampoco vengo de un barrio marginal pero creo que Kamada es eso. No nos apadrinó nadie. La fuerza de la voluntad para escribir y hacer música. Un día te reconocen y me quedé con eso. Fui flor sin tallo hasta que un rayo de sol nos miró, hasta que llegó la suerte, que es eso, el reconocimiento. Fama nunca quisimos pero el reconocimiento es algo que gratifica de otra manera. Somos jóvenes y todavía tenemos mucho para dar y que ya, en este momento, te lleguen comentarios, te digan tu banda es referencia, cosas que no dejan de ser palabras o percepciones personales, a uno lo envalentona y te da ganas de seguir.

«Aún puedo escaparme de esta cárcel de piel si estoy al margen pero se que Saje también» (Tifon, Aura, 2021)

Tanto en Sajelodonte como en Aura hay momentos en los que se separa Patricio Daniel, tu nombre real, de Saje. ¿Son dos personas que tienen diferencias entre sí?, ¿Cómo conviven?

Eso se lo robé a Borges, en el buen sentido. Hay un escrito que se llama «Borges y yo». El chabón lo hace de la manera en que solo lo puede hacer el maestro, lo baja de una forma tan linda. El va relatando le llegan cartas sobre Borges, se entera de Borges por una cátedra de la universidad o se entera de Borges porque lo ve en la TV pero no es el. Porque vos sos un yo, una primera persona. Saje siempre termina siendo otro y yo lo vivo desde ahí. Yo siento que Saje y Dani son dos personas distintas. Dani está haciendo esta entrevista, si saco un tema voy a ser Saje. Por ahí la gente que lea esto puede pensar que conoce a Dani y me encantaría. No estoy peleado con eso pero sí identifico que hay un yo y una imagen que se forma de mi, que quizás no tiene que ver conmigo

¿Reconoces cosas de Saje en el día a día Patricio y viceversa?

Donde más se juntan uno con el otro es en los vivos. Arriba del escenario ya no existe esa máscara que te separa, que uno arma, porque estás persona a persona, compartiendo energía, me estas viendo moverme y ahí se infiltra mucho Dani y el encanto pasa a ser todo de Dani. Saje es la placa que la gente recuerda pero en ese momento están con Dani. Al revés, Saje escribe porque Daniel Patricio se instruye, se informa. Si algo moviliza a Daniel Patricio, Saje lo va a rapear. 

¿Vivís en tu día a día con esa separación?

Para mi soy mas Dani que Saje. Saje es la máscara, eso que pongo entre  la gente y yo, como concepto artístico, como nombre, y nada mas. El otro día estaba pidiendo unas empanadas con barbijo. El loco me reconoció y me regaló su barbijo que tenía la impreso el logo de Kamada. Eso a mi me re voló. Ni siquiera me vió la cara. Nos estábamos mirando a los ojos nada más. Ahí el que se llevó el viaje fue Dani. Dani la flipa. Siempre tuve de estandarte la humildad en el sentido mas ético de la palabra, la humildad de la simpleza. Cuando me reconocen en la calle,  vuelvo a tener 15 años. Durante un ratito el hype es total. Le digo: «¿te gusta lo que hago?», «¿no lo puedo creer?». El tema es el siguiente: si un día me la creo, ahí lo mato a Saje. Lo veo en muchos MCs. Se apachorrean. Querían ser ese nombre que se pusieron al principio y cuando ya lo reconocen por este nombre, la quedan. Yo no quiero que me pase eso. Quiero que siempre sea un camino para arriba. 

«En este prado ni rey ni soldado. Ni ley ni legado, nadie responde al eco de los hombres, ergo, no siguen ordenes son hermanos empoderados, en pos de ver todo el orbe desde el norte hasta el monte congelado. Enorme el don que esconde el hombre noble y pobre el que no obre con amor» (Yo, Hidroluno, Sajelodonte, 2018)

¿En esa ecuación, donde entra Hydroluno?

Hydroluno es un nombre, un seudónimo que se me había ocurrido y me encantó. Surge de mezclar la cuestión del agua con la luna y en el momento que lo pensé era porque me gustaba la metafísica de la astrología, o la poesía. Me gustó más que nada el nombre. Si hubiese sido escritor por ahí firmaba los poemas como Hydroluno. 

En “Yo, Hydroluno” (Sajelodonte) aparece toda la cuestión de la horizontalidad, el anarquismo. ¿Te ves metiendo más contenido relacionado a la política en el futuro?

Nunca me quedo quieto en el sentido ideológico. Siempre me gusta aprender cosas o estar absorbiendo algo y últimamente estuve absorbiendo mucha teoría anarquista. Eso me transforma a mí como persona y eso que se desprende de mí ya es involuntario, es inherente. Por más que no quiera, si me pones un beat voy a bajar lo que tenga en la cabeza en ese momento, las ideas que esté amasando y ahora tienen que ver con eso. Se va a ver reflejado, no sé qué tan directamente porque entiendo que es un tema que hay que tratarlo con suavidad porque decir anarquismo hoy en día es un montón para un montón de gente. Me gusta la teoría, me gustaría desarrollarla, transmitir cosas que me despertaron curiosidad. Pero no me gusta venderle una idea a la gente como verdad absoluta. Yo lo que hago es decir: «che vi esto y me gustó». Lo comparto.

¿Cómo se dio tu acercamiento a esta corriente ideológica?

Principalmente las adversidades del día a día. La semana pasada viví un ejemplo muy claro: mi hermana tiene un problema de salud y tuve que pelearme contra la burocracia de la obra social y del Estado para ayudar a un integrante de mi familia. En esas circunstancias te das cuenta de lo mucho que podés aprender cuando los organismos que te deberían ayudar te dan la espalda o te empujan para que vos no te puedas desarrollar. La vida me dio vuelta el tablero muchas veces. El propio poder es el que me lleva a hablar de anarquismo. Lo hago en forma de respuesta a lo que yo mismo vivo, no porque me parezca que es un mensaje fácil de vender. Todo lo que esté en manos de 3 o 4 me parece mal. La solución es que haya distribución. Si sobra algo lo repartimos. El humano es solidario por naturaleza, pero el sistema nos convenció de lo contrario. Borges decía que probablemente no lleguemos a ver una sociedad completamente libre, pero en mi opinión vamos hacia ese lado.  

Más cerca de la pólvora que de la incómoda vos moral” (Oval, Aura, 2021))

¿Tiene más fuerza la muerte que la sociedad?

En realidad no es la sociedad, sino la moral impuesta. Según Nietzche, la alta sociedad griega inventó este concepto para poder hacer más dóciles a las clases más bajas. Inventaron la moral y la pusieron como pieza fundamental para alcanzar metas como el desarrollo económico. El objetivo, convertir a quienes consideraban brutos en individuos mansos, borregos, plegarios. Pero a la vez, esta frase se relaciona mucho con mi vida, como crecí y mi relación con las instituciones.  

«No te rebajes pa’ ganar bien pa, a mi el rap me enseñó que hacerlo bien no es para que te entiendan, que uno recoje lo que siembra y si tanto te importa la imagen, es que tu mensaje es una mierda» (Metaforismos, Sajelodonte, 2018)

Cualquiera que te haya escuchado hablar o haya leído tus entrevistas sabe que no te interesa priorizar tu imagen sobre lo artístico, ¿Es el reconocimiento musical un objetivo en tu carrera? 

El reconocimiento está bueno pero para mi es algo que llega de rebote, no sé si lo voy a buscar. Uno lo hace porque le gusta y obviamente, porque querés que te escuchen, porque por eso lo grabas, y lo distribuís y lo subis a una plataforma, pero no se si esa es la sed, la necesidad. La búsqueda tiene que ver con el profesionalismo, con que me guste a mi, porque a mi me deja de gustar muy fácil. Esa es una realidad. Uno todo el tiempo está subiendose la vara. Es la pasión que elegí y en este sentido soy competitivo, pasional, porque me gusta. Me encanta escuchar un tema y decir «mirá lo que hizo, lo que dijo». Es lo que me gustó desde el primer día con el rap, y quiero que la gente que me escuche haga lo mismo pero esa no es la búsqueda. De hecho, un montón de tiempo eso no paso, ni de cerca…

No te vas a poner a buscarlo ahora.

Olvidate. En ese momento tampoco, me chupó un huevo. Un buen ejemplo es el de Bum exploté; cuando yo la grabé teníamos una luca de visitas. Tenía 18, 19 años y para mi era un temazo y me re gustaba. Diez años después la gente me empezó a decir «che es un temazo» pero no me desesperé en ningún momento porque el tema a mi siempre me cerró, esa es la cuestión. 

«Somos chicos amigos de la espontaneidad. ¿Con qué me di? Bro, con varios libros en realidad (…) Perfecto, hoy vuelo mis penas en el pelpa y mas que el mambo de la pepa viajo en un tango maldito» (Alunisaje, Kamada Clásicos, 2018)

¿Cuál es tu relación con la droga?

Primero que nada, las drogas tendrían que ser legales. La humanidad utiliza distintos tipos de estímulos o drogas que alteran su comportamiento desde siempre. En lo personal, sí hago cierta diferenciación. Con las que más simpatizo son las de origen natural. Igual, lo más puro es tratar de usar lo menos posible todo tipo de drogas, legal y no legal. Mi relación es esa. Reconozco su importancia en el desarrollo del hombre, así como su características destructivas. Alguien que me inspiró mucho en este sentido es Aldous Huxley. El tipo se murió tomando LSD. Le pidió a la mujer que se lo suministrara hasta último momento y se murió en ese viaje, andá a saber qué estaba entendiendo en ese umbral. Digo entender porque, así como puede matarte, también te abre mucho la cabeza.Para mi una cosa es el lsd, otra la cocaína, otra la marihuana. En ese sentido hay cosas que me caben más que otras pero desde ya que hay un curro en la ilegalidad de la droga.

En Tribal (Aura, 2021) hablas de un viaje de Huachuma en el que se te aparece un mono sin dios y te dice “dejá el cel”. Ese mono sos vos. ¿Cómo llegás a esa división entre tu parte humana y tu parte animal? ¿Qué importancia tiene en tu cabeza lograr establecer esa diferencia?

Principalmente, me ayuda a entender la realidad. Para mi todas esas cosas están relacionadas, inclusive la huachuma. Hasta ahora la teoría relacionada a la evolución que más me cierra es la de la selección natural; que un día un simio se diferenció de los demás y empezó a desarrollar herramientas y capacidades que nos trajeron a donde hoy estamos. En ese simio intento contar lo trascendental, como en un momento era una cosa y ahora soy otra pero sigo siendo la misma persona. Lo del celular va por el lado de cómo impactó en la cotidianidad el uso de dispositivos móviles. No puede ser que un aparato te esté provocando ansiedad, no te deje dormir tranquilo o modifique tus hábitos. La vida no es la misma que hace 30 años. Todas esas cosas están relacionadas y me apasionan mucho. Pensar en cómo el humano se fue desarrollando y esparciendo por el mundo para convertirse en lo que hoy definimos como «hombre moderno». Pensá en los Selknam (tribu fueguina), hay vídeos de ellos con un tendón de guanaco haciendo una flecha. Estamos hablando de alguien que se manejaba en un entorno natural. Hoy en día, nosotros no tenemos nada que ver con ese chabón, no nos relacionamos con el mundo natural. Por eso, sin romantizarlo, ese proceso entre uno y otro está bueno pero a la vez hay algo de lo simple que se perdió. Que te pegue el sol tres horas al día y te de vitamina D, que trabajes con la tierra en tus manos y liberes estrés a través de eso son cosas que solían ser nuestras costumbres. En ese sentido soy como Thoreau que en un momento dejó de pagar impuestos y se fue a la concha de su madre. Quizás sin ser tan drástico pero priorizando tu independencia; tener tu huerta, tu casa y etc. Por ejemplo, yo tengo un trabajo burocrático que no sirve para un carajo y cuando tengo los huevos hinchados quiero ser autónomo realmente. De verdad me pregunto porque no puedo serlo, estamos haciendo casas hace 3000 años. Si me tiras en el bosque lo primero que voy a hacer va a ser armar un refugio. 

¿Has hecho algún viaje al sur o al norte para conectar con todo esto?

Voy solo a Córdoba, pero este año planeo ir al sur porque los pibes me viven diciendo que cuando vaya me voy a volver loco. Inclusive mucha gente de allá me dice que parezco del sur por como rapeo. Es algo que tengo pendiente. Cada vez que tengo la posibilidad, viajo. Es algo que te cambia el termómetro emocional.

¿De donde sale la idea de la historia en Tribal?

Además de lo que mencioné antes, resaltaría una película que se llama «El hombre de la tierra», del 2007. Toda la peli sucede en un living, osea es la película con menos presupuesto del mundo. Trata sobre un maestro que decide irse del pueblo donde trabaja hace 10 años y que ante las constantes preguntas del porqué de su partida termina confesando que está vivo hace 14.000 años y que no se puede morir. La verdad que hay que verla, porque el guión es muy poderoso como para poder explicarlo. Otra persona que me inspiró a hacerlo es Ozelot, un rapero español que descubrí hace poco y me ayudó a entender la importancia de escribir sobre uno mismo. Más allá de la calle y lo que escriban todos.

Para que las rimas rebuscadas, el contenido de culto y la exploración del artista a través del rapeo fueran redituables, el rap en español tuvo que atravesar un proceso mainstream en que, al menos por unos años, los únicos que podían generar ingresos eran los que hablaban sobre la calle, las drogas y las mujeres. Mientras esto pasaba, vos ya rapeabas hace un tiempo. ¿Siempre buscaste alejarte de lo simplista?

Siempre tuve una predilección por lo esotérico o lo que no puedo entender y una necesidad de contestarme preguntas que yo mismo me hago. Es imposible no hablar de cosas superficiales, la cuestión está en todos los años ir adquiriendo cosas nuevas e intentar no ser repetitivo. Poder mirar para atrás y encontrarte con el proceso que fuiste haciendo, es vital. Cambio drásticamente y no tengo pudor a cambiar. A veces los raperos buscan una imagen de sí mismos y eligen quedarse con ella para siempre, yo me encuentro con opiniones mías que se cruzan todo el tiempo. De eso se trata la formación. Para eso hay que tener la  honestidad intelectual de hacerse cargo de lo que defendes y porqué. 

«El artista y el héroe, como pocos, muchas veces. Sacrifican el bien personal en virtud del bien común y en eso se parecen y se complementan. El artista tiene de héroe, la abnegación hacia un bien colectivo y el héroe tiene de artista la proeza y el esplendor de sus acciones. Otras veces su móvil es pura vanidad y egocentrismo y se sacrifican en función de la recompensa y no de la acción en sí misma, en estos casos el móvil es la competencia y «el deseo de sobresalir y no el mero altruismo» (Metaforismos, Sajelodonte, 2018)

En Metaforismos estableces una relación entre el artista y el héroe, ¿Por qué?

Eso lo escribió mi hermana, la persona que me metió en la poesía. Nuestra mamá era profesora de Literatura, por lo que siempre estuvimos ligados a esas cosas y se lo agradezco. Ella me despertó la chispa por el poder de la palabra. De hecho soy fanático de los escritores y periodistas, pero no me considero uno. Por eso soy rapero. Toda la filosofía que hay detrás de ese verso está inspirada en Kamada. El párrafo que aparece en Hydroluno sobre los seguidores también lo escribió ella. Mi hermana es mi mentora. Si bien es escritora por afición, los textos que hace me interpelan siempre. Me gusta ponerlo en los temas porque ya se está volviendo como una marca personal.  Lo que si, ella  siempre me pide que no la nombre ni ponga sus iniciales. Mi hermana no solo me acercó a la escritura sino que también al hip hop. Cuando yo tenía doce o trece años, ella iba a clases de danza árabe en frente de mi casa. Un día me preguntó si quería acompañarla, y como no hacía más que ver dibujitos me mandé. Apenas crucé ví unos pibes haciendo breakdance y me voló la cabeza. De a poco fui empezando a bailar. Un día cayó un rapero, le tiraron un beat y se mandó a improvisar. Yo no sabía bien lo que estaba haciendo porque nadie me había explicado, pensaba que el pibe se hacía el canchero por saberse sus letras de memoria. Cuando se mandó a rapear sobre las cosas que tenía alrededor me cayó la ficha de que todo lo pensaba en el momento. Eso me voló la peluca. Después empecé a escribir y hasta competí. Nunca más volví a hacer break.

–  ¿Cuál es tu relación con la literatura? ¿Cómo vivís la relación entre el tiempo de lectura y el de las redes sociales, de inmediatez y estrategias?

Mi vieja compraba mucho Felix Luna o las bibliotecas de Billiken. Recuerdo haber leído mucha historia argentina al principio y me encantaba. Hay cosas que cambiaron mucho en ese sentido, antes leer era un hábito. Cuando tenía 15 ó 16 años los pibes recién empezaban a tener celular y ahora lo tienen cada vez más pibes. Eso genera muchos cambios en la conducta de la masa. El tema es que estamos en plena transición y los efectos los vamos a ver dentro de 20 años. Mis amigos venían a la puerta de mi casa a tocarme el timbre para ver si estaba, hoy eso es impensable. La espontaneidad se está perdiendo. El cambio de los 90 a los 2000 fue muy groso y muy brusco. Los niños, que son en definitiva los futuros artistas, tienen cada vez más ansiedad. La era digital es la causa. Estamos inmersos en un mundo de super-exposición, super-información y no somos super-hombres.

¿Cómo combatís la era digital entonces?

La clave para eso es incentivarme a mi mismo constantemente, podés leerlo en mis letras: yo me estoy diciendo «dejá el cel», yo me estoy diciendo «lee», yo me estoy diciendo «meditá», yo me estoy diciendo «valorá el momento». Asimismo, no todo es tan fácil. La cabeza también nos juega en contra. Yo también soy el que se está diciendo «destruite». El punto está en lograr un balance y para eso hay que conocerse.

Ese dios que a veces se manifiesta como sol en las letras del integrante de Kamada. Esa fuerza que invita al oriundo de La Tablada a abrazarse con el dolor. Aquel ente que le propone autodesarrollarse a través de la resiliencia después de comprender a los golpes de la vida como maestros. Esa misma voluntad divina que le propone adquirir conocimientos varios en forma constante para compartirlos con sus seguidores, es él mismo. La voluntad propia, que a veces se manifiesta como Saje y otras como Daniel Patricio, es el estandarte tanto de su vida íntima como de su personalidad artística.

Poco sentido tiene destacar sus cualidades en cuanto a barras o flows si se puede encontrar en plataformas digitales, entrevistas o reseñas explicativas hechas inclusive por nosotros. Lo más valorable en el mensaje de Daniel Patricio es su comprensión sobre sí mismo y las ganas inquebrantables que tiene de colaborar con quienes se acercan a él a tomar ese camino, si les es necesario.

“No tengo dioses ni ídolos

El profe que sigo yo, es el cofre de mi dolor” 

(Saje, canción aún no publicada)

6 comentarios en “«SI UN DÍA ME LA CREO, LO MATO A SAJE»”

  1. Saje siempre me vuela la cabeza, su ideología y como habla me re sirve, tiene mucha data increíble, además de sus flows y toda la onda, se nota de lejos que es una persona increíble, y demasiado bueno como raper.

    Responder
  2. Que tremenda entrevista! Un gusto poder leer a Daniel desde su contraparte más humana bajando data para reflexionar, procesar y hacerla propia. Bendiciones para Kamada y para la revista. Abz

    Responder
  3. Tremenda nota, tremenda la cantidad de data que maneja este chabón. Desde budismo, hasta anarquismo, pasando por Nietzsche, Borges, pueblos originarios de toda América.
    Ya se sabe que el conocimiento es nuestro 5to elemento… y siendo así, Saje lo domina tan bien como al MCing…
    Este nivel de información en un artista es algo que solo requiere el HH… Saje no es el único en esto.. y eso es lo lindo y superador de esta cultura
    GRACIAS!

    Responder
  4. Es sumamente inspirador ver cómo Daniel nos transmite con tanto entusiasmo toda la data que le sirvió, lo más inspirador es saber que a él le sirvió y le va a servir la data que reciba, siempre encontrando la manera de interiorizarlo en forma de aprendiSaje

    Responder

Deja un comentario