SIN MIEDO AL ÉXITO… PERRI.

Por Kevin Dirienso Poter – @kevindpoter

¿Es posible tenerle miedo al éxito? ¿Es realmente factible que podamos tenerle miedo a ser exitosos?. ¿Qué es el éxito, cómo se mide? y ¿El miedo es realmente a el o a los factores externos qué lo hacen tangible? Quien sabe. ¿Acaso Kurt Cobain se mató escapando de su propia nube o Messi juega no tan bien las finales apaleado por los nervios del fracaso?. Dudas, divagues mentales que me hago mientras pienso para escribir esta nota.

Son muchas preguntas y algunas (tal vez todas) no tienen una respuesta. Ni simple, ni compleja, simplemente no tienen respuesta. Escribo esta nota pensando una cosa pero se despertó a través de otra. Ni bien termino el partido frente a Brasil, no grité, no salté, no lloré, no me abrace a nadie, ni mire al cielo, Ni bien el arbitro decretó con su silbatazo la conquista de la Copa América luego de añares de fracasos, mi imagen (todo mi ser), se quedo con Messi. Ese Messi arrodillado en el Maracaná semi vacío con los ojos llenos de lagrimas y el cuerpo exhausto, pero no solo del partido. Un momento de pausa en el mundo dónde pude ver, a través de la pantalla y a miles de kilómetros, como una enorme mochila pesada se soltaba de la espalda de un tipo al que acababan de tapar una montaña de compañeros que entendieron esa liberación implícita en un campeonato. Revista Flow no tiene nada que ver con el fútbol o tal vez sí, pero no en su mayoría. Pero desde pequeño peco en ejemplificar orientado a un deporte que me parece magnífico.

Esta fue la copa de Messi. Por edad, por el contexto, por haber «fracasado» tanto otras veces y porque al fin y al cabo el enano se lo merecía, el mundo fútbol así lo quería. En Brasil y gastando uno de sus últimos cartuchos dentro del verde césped, Lio, toco la gloria (con su país porque la gloria la tocó hace rato) haciendo feliz a 50 y pico de millones de personas al mismo tiempo. Esa carga que no era propia, llevo al mejor del mundo a no ser reconocido en su nación por no «haber ganado nada» y lo inmiscuyo en una especie de crisis negativa, lo hizo vomitar en las finales y pasarla mal por errar un gol o un penal. ¿Messi le tenía miedo al éxito?

El 10 se sacó una mochila enorme de la espalada y hoy vive más libre, no lo conozco pero lo puedo asegurar. Y justamente el otro día, mientras preparaba el grabador para una entrevista, el entrevistado me dijo «hay que romper las barreras mentales, esto es sin miedo al éxito», y mi cabeza rebotó para re armar un par de conceptos que creía tener claros. Hay un término muy propio del Hip Hop y es ese famoso»real». Y durante este intercambio, mi interlocutor me dió a entender como, desde su visión, esa calificación de «reales» (que vaya a saber quien la inventó) atentaba contra el crecimiento no solo personal sino grupal también. Una etiqueta que a veces, perjudica a la (no) industria nacional.

Esa mochila se transforma entonces en «mantenerte real aún si eso te perjudica» y aquí el «enojo» de mi interlocutor por dicha circunstancia. Y creo que acá entra en juego no solo esa «presión por no defraudar» (que no es propia sino que le pertenece a los demás) y la propia esencia del artista o persona. Aquí se trazan dos caminos, pero antes de tomar cualquiera de ellos hay un trabajo personal para hacer. Durante esa charla, entendí que esos caminos tienen «repercusiones» inmanejables y que nada dependen de uno. Así como la carga de Messi que no era tan propia. ¿A quién tenía que demostrarle Messi que era capaz?. Durante la charla tocamos varios temas, pero este mini debate pre entrevista lleno mi cerebro de ideas para escribir esto. La cuarentena nos sirvió para eso, lo hayamos elegido o no, el aislamiento nos invito a una crisis introspectiva para renacer o seguir igual. Esa posibilidad de caminos se abrió para todos y los cambios de paradigmas estuvieron al alcance.

Para redondear en el eje central, creo que los artistas no deben encasillarse en nada en particular, mi concepto de «artista» puede ser completamente diferente al que puedas tener vos que estas leyendo esto ahora mismo, pero en esta discusión, el éxito y el fracaso tapan con su aura sombría todo intento genuino de hacer lo que nace de las entrañas. Para mi un artista es quien hace lo que lo llena, el que deja que sus sentimientos broten ya sea en una pintura o en un rap o en lo que sea que haga sin importar si se «pega» o se hace «viral». El artista debe respetarse a sí mismo por ante cualquier otra cosa. Vivir del «arte» a cualquier precio, para mi, es traicionar una parte muy intima de uno mismo, donde ese concepto de «artista» se quiebra. Un artista no puede hacer lo que los demás quieran solo por la simple razón de la plata o la fama, eso para quien escribe, es ser un títere de alguien más. Pero existe otra postura, otro lado de la barra, que siente que justamente entender «que llama la atención» es una autopista al crecimiento personal y colectivo. Esa visión intenta asentar que un artista debe reconocerse como un producto, para ser vendible, etiquetable, coleccionable y para llegar a la cartera de la dama y al bolsillo del caballero.

Son dos posturas muy marcadas y que en sus aristas pueden tener ciertos contactos. Hacer un arte puro sin la necesidad o la búsqueda de viralidad no es tenerle miedo al éxito. Es entender en esa crisis introspectiva cuales son los valores que se manejan y esa elección por el camino de la honestidad artística vale más que un par de seguidores, la fama y la estabilidad económica. Ahí se encuentra la cultura nacional hoy, en ese proceso de madurez, de introspección, de elecciones. Hay raperos que eligieron la autopista de la góndola vendible y que han trasmutado su contenido, su forma de rapear, su apariencia y que ha decidido también cambiar su público por uno más consumista. ¿Esta mal? Por supuesto que no. Y después hay otro equipo, ese donde lxs artistas siguen puros, escribiendo y rapeando por amor al arte, por que para esa gente rapear es como respirar y una tintura de más o de menos no le cambia la ecuación a lo que realmente es importante: Ser libre de complejos ajenos.

La autopista de la fama es muy jodida. La velocidad por la que allí se transita es inmedible y así como podes pasar un par de peajes de garrón, te podes comer un guardarrail y no volver a contarla. El camino sincero es dificil de soportar, vivir del arte es jodido, pero ser un producto de los demás, para mi, lo es más aún.

Es sin miedo al éxito papi… y todo dependerá de: ¿Qué es el éxito pra voce?.

 

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