#PERFILES: TORTU AKA DON MIGUEL.

Por Estructura Pura – @estructurapur4 (Redactores Invitados)

Ya pasaron las seis de la tarde en un caluroso día de verano y Tortu avisa: “Estoy yendo para allá, perdón, me demoré porque no encontraba las llaves de mi casa”, había tardado 15 minutos más, pero el problema era que el Jardín Botánico – lugar en el que nos citó – cerraba a las seis y media y la gente ya se estaba retirando.

“Nooo, me olvidé que cerraba tan temprano, pero no se preocupen vamos a otra plaza o a mi local”, nos ofrece Don Miguel Lemes Vazquez, más conocido como Tortu AKA Don Miguel, rapero que integra el mítico grupo “La Conección Real”, también fue parte de las primeras batallas de freestyle virales del país y hoy cuenta con cuatro discos editados. El apodo Tortu se lo apropió después de ponerse una remera infantil que tenía tortugas. Sus amigos de la adolescencia lo descansaron y él lo padeció hasta que no le quedó otra opción.

“Estuve como dos años renegando con ese apodo, no me cabía nada que me dijeran ‘Tortuga’ hasta que un día me resigné. Yo me quería apodar ‘Nacho’ pero nada que ver porque no me llamo Ignacio”, nos revela en el primer piso de Baires Point, su local en Palermo, en donde funciona una barbería, un growshop, hacen tatuajes, venden indumentaria y hay un estudio musical. Lo inauguró a fines del año pasado después de regresar de México, donde se exilió y estuvo viviendo durante un largo tiempo porque necesitaba reconectar con él mismo y con su familia.

En sus canciones siempre se destacó el flow con entonaciones variadas, las estructuras formadas con las palabras y las temáticas de sus letras, que fueron desde problemáticas sociales hasta descargos de vivencias personales.

Tortu conoció el Hip Hop en 1998 a través de sus amigos con los que andaba en skate: “Los chabones escuchaban Control Machete, House Of Pain, Cypress Hill y toda esa movida. Un día me dieron un disco y flasheé, ahí fue cuando empecé a averiguar todo”. Cinco años después, en el 2003, comenzó a bailar break dance y dio sus primeros pasos en la cultura Hip Hop hasta que en 2010 sacó su primer disco como solista y empezó a competir en batallas de freestyle.

Algunos años atrás, aproximadamente en el 2004, conoció al Nucleo AKA TintaSucia, con quien creó la Basta Revelión -escrito a propósito con falta de ortografía, al igual que La Conección Real-. Ambos se encargaron de llevar la cultura a muchos barrios precarios de zona sur: “Fue re divertido, porque íbamos descubriendo sectores y plantando semillas o compartiendo el mensaje cual mormón. Estábamos con la idea de ir por todos lados a enfermarle la cabeza a los pibes. Cada uno hace las cosas por motus propio, no te digo que fue por nosotros, pero fue re loco, lo hicimos inconscientemente y cuando nos dimos cuenta lo que generamos fue increíble”, recordó.

En ese momento, se dio cuenta de su misión en este mundo: ser un constructor de puentes. Poner a disposición toda su información y contactos para todos sus conocidos y así lograr una unión en el movimiento.

En 2010 lanzó su primer disco titulado “Las Flores del Edén” en donde empezó a pulir su reconocido flow y sus mensajes en las letras. Dos años más tarde, “Free Way”, su segundo disco, lo hizo despegar en su carrera musical. “Fue un flash para mí, en esas rimas me saqué todo de adentro. Después de ese disco se me abrieron bocha de puertas. Encima lo que más me gusta es que todo fue 100% real, si lo escucho hoy me hace viajar a esa época y recuerdo todas esas secuencias. Fue mi obra maestra”.

Dentro de ese material, se encuentra el tema “Ese Lugar”, que fue la primera canción de rap argentino en llegar a 1 millón de reproducciones: “En esa época yo me curtía mucho en la villa. La gente que nombro es con la que yo rancheaba. Lo que pasó fue que murió uno de los pibes en una situación re triste y a los pocos días mataron a su hermano. Se armó una masacre y siempre perdía un conocido. Todos nos preguntábamos cuándo iba a terminar la bronca”, explicó, y además agregó: “Yo era re caverna en esa época, no tenía ni canal de YouTube y los pibes que me lo filmaron lo subieron”.

Esos años fueron un quiebre para el rapero uruguayo – llegó a Buenos Aires cuando tenía un año – porque: “Tenía un estilo de vida re oscuro y hardcore, más mundano. Antes hacía cosas que no pensaba, era un desastre y lo dejé reflejado. Me sirvió para darme cuenta que no quería eso para mi vida”.

En paralelo, su carrera como freestyler comenzó a crecer en el Halabalusa, la competencia underground pionera de las batallas que sembró las semillas del éxito que obtuvo en los últimos años El Quinto Escalón, que se realizaba en la estación de Claypole. Allí formó con D-Toke una dupla imbatible que ganó algunas fechas seguidas y el estilo berretinero y descansero del Tortu lo hicieron ser uno de los competidores más destacados y graciosos del momento.

Su batalla más viral acumula casi tres millones de reproducciones y hoy, a la distancia, admite que le hubiese gustado hacer una carrera en el freestyle, pero solo por diversión. Se retiró algunas semanas después de esa seguidilla y se lo adjudica a una frase que le dijo un chico, mucho menor que él, en la plaza, mientras contaba los pocos billetes que había conseguido -los raperos para competir tenían que pagar- luego de salir campeón: «Vos sí que la haces bien, venís acá, descansas a todos los wachines y les sacás la plata». “Fue como un pequeño demonio que apareció, me tiró esa data y se fue. Me la re bajó y no fui más. Flasheé igual, podría haber seguido”.

Entretanto, Tortu muestra el desagrado al que lo lleva que lo reconozcan por sus batallas de esa época. “La mayoría de la gente que me cruzo en la calle o en los eventos me dicen que me escuchan desde el Halabalusa, y me conocen solo por eso cuando yo ya venía rapeando hace una bocha, me conocen solo por eso y no saben que tengo discos”. Es que sus batallas, en el momento, se hicieron tan populares por el ingenio que demostraba en cada rima que llegaron a un público mucho más extenso que el que podía abarcar el rapero como solista.

Quizás el juego de azares del destino lo tenía preparado para el siguiente paso, o su propia búsqueda de formar un camino, lo cierto es que logró su nivel máximo de exposición al juntarse con otros raperos de distintas zonas y formar el hoy histórico conjunto “La Conección Real”. “La conecta para mí es como una fisura en el tiempo, es una cosa que pasó y cambió bastante el juego en el momento”. El grupo conformado por Núcleo, Fianru, Frane, Tortu, Urbanse y, por último, DJ Destroy, fue tan importante para el rap argentino que lograron colocarse como máximos exponentes durante esa época y sentaron las bases para muchos de los raperos que llegaron a posteriori.

Pero las particularidades del rapero hicieron que el éxito sea pasajero, ya que después de lanzar el segundo mixtape con La Conecta, vivió una etapa de puro aprendizaje, puro knowledge.

“Antes de irme estaba muy encerrado, tuve una etapa muy Bukowski, durante dos años nadie me veía ni tocaba en ningún lado”. Tecson, escuela donde se cursan las carreras de Grabación y Post Producción de Audio y Producción Musical, fue el punto cúlmine de aprendizaje, donde amplió su conocimiento artístico y, mayoritariamente, en la parte de producción. “Durante ese tiempo lo único que hacía era estar en mi casa drogándome y estudiando frecuencias de sonido, me re enrosqué con la física”. Ese puede ser uno de los ejes donde se apoyó para formar años más tardes Baires Point, donde instaló un estudio musical profesional. Empero, además de ser un proceso de aprendizaje, se convirtió en algo que el mismo rapero no supo manejar. “Ese momento fue de puro conocimiento, medio que se me fue de las manos y me volví medio loco, entonces necesitaba irme a un lugar a reconectar conmigo, con mi familia, con todo mi ser”.

En algún caso servirá para describir por entero su personalidad la actitud que lo llevó a decidirse por México, en vez de otro país. “Primero pensamos con mi compañera en irnos a otro lado en realidad, pero pintó México y nos fuimos de una, sin conocer a nadie ni nada.”

Y ese mismo ímpetu que lo movió a tomar una decisión tan drástica, fue en gran parte lo que hizo que su descanso espiritual no se convierta en un descanso artístico. “Caímos, hicimos una re cabida con un montón de gente, pero desconectamos, entendés. Pero a las dos semanas estaba rapeando con LilSupa, conocí gente indicada con la que di, les mostré mi material, se cebaron pintaron fechas, movidas, grabé cyphers. Sin querer, no podía dejar el mambo igual”.

De su vuelta al país, Tortu explica que fue como “cuando volvés de Córdoba o de la costa, que estás medio zen, pero te dura poco; yo volví con la mente re cambiada, tuve viajes astrales de conocimiento con los mayas, una introspectiva muy jodida y volví muy tranquilo”.

Ese enfoque, que ya no perdía tanto tiempo con la gira, lo puse acá”. Y ese fue uno de los motivos principales que le dieron fuerzas para formar su local como se lo conoce hoy en día.

Mientras recorre su carrera en el primer piso de Baires Point, donde hacen tatuajes, se pueden observar varias calcomanías y entre ellas se destaca la del Maestro Roshi, uno de los personajes principales de Dragon Ball. Y se deja ver que, en una de sus piernas, tiene tatuada la misma figura: “Me re representa el maldito viejo divinoso, por una bocha de cosas”. Entre tantas que mencionó, destacó el conocimiento, la capacidad para estar siempre disponible y “saltar cuando hay que saltar para pararse de manos”. También se lo podría asociar a él porque es el “Maestro Tortuga”: “Vivir en una isla como él para mi es un sueño, ya lo hice pero me gustaría retirarme así y quedarme re chilling, con mis tortugas y mis revistas”.

El coronavirus le retrasó algunos proyectos, como fue la salida de un disco de ocho canciones que grabó en un día: “ese es otro récord personal que batí, estaba re conectado”, en el cual expulsó una bronca contenida por una estafa que sufrió hace dos años, pensando en por qué la gente puede ser tan falsa y además tiene otros singles con productores de los cuales no quiso adelantar nada: “una vez pensé que tenía algo que iba a explotar y no, como dijo mi amigo el Flaco Flaking: «estamos condenados a las 1000 reproducciones»

 

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