No hacemos rap para el pueblo, somos el pueblo haciendo rap.

No es nuestro estilo, a pesar de que el freestyle es de las ramas más importantes y más hermosas del hip-hop, angustiosamente esta disciplina que tanto amamos ha perdido la esencia con la cual se originó: Nacida para poner el ingenio por sobre la violencia, la esquina por sobre los escenarios, la alfabetización por sobre la ignorancia, la unión por sobre la división y la paz por sobre la guerra.

¿A cuántos habrá ayudado esta forma de potente desahogo? ¿Y de esos qué se desahogaron? ¿Cuantos se volvieron poetas? ¿Y de los poetas? ¿Cuántos de esos que “no valían para nada” terminaron siendo luchadores de la vida? Y es en esa lucha por crecer que el freestyle se vuelve hermoso, eruditos de la materia argumentan incluso, que la vida misma es un freestyle. Por supuesto que, a medida que pasan los años, esta disciplina se ha hecho cada vez más compleja entre flows, métricas, estructuras, tempos, notaciones, punchlines y competencias pero… ¿De qué sirve cuando no suma? 

Este lunes fuimos a un evento revolucionario, una batalla que se ha dado cuenta de la problemática originada con el mainstream pero que es incapaz de abandonar este deporte verbal. Propone reinventarse, ¿Cómo? Con jurados que evalúan respeto: Bienvenidos a Pueblo Rapper, acá no se festeja la homofobia, la gordofobia, la misoginia ni el insulto, acá no vale el chiste fácil y mucho menos será festejado.

El evento es organizado por Gonzo Vizan, humorista y freestyler y por Andy Quinteros, quienes, de manera novedosa e inspiradora, ha aprovechado la influencia que ha cosechado estos últimos años en las redes sociales haciéndola trascender la pantalla convocando a los pibes que lo siguen a que se acerquen a la plaza a tirarse unas rimas o gozar un rato. Una actitud altruista para aplaudir de pie.

Llegamos, el lugar elegido es Av. Córdoba al 2850, la competencia ejerce su localía en el anfiteatro de la Plaza de los Perros, y los perros de pura raza ya estaban en la plaza para cuando llegamos. Un día perfecto, despejado, caluroso pero no demasiado, bien primaveral, de esos días que las plazas se vuelven el jardín de los departamentos, entre fútbol y familias se encuentran en un mini anfiteatro alrededor de 50 personas sentadas en las gradas sin chistar, escuchando con atención las rimas que ostentan los MCs para convencer al jurado de que merecen pasar a los 8vos. de final.

Esta es la modalidad del evento: A cada batalla se le da una palabra que se va a usar libremente como temática, y es interesante porque las palabras escogidas por la organización no son elegidas al voleo, son palabras que intencionalmente guían a los raperos a abarcar distintas cuestiones sociales. Aunque a veces tengan la maldad de hacer rimar a los freestylers con, por ejemplo, la palabra Trotski, también se ponen en la mesa palabras como “literatura” que, con talento y culto, dan pie a un paseo de nombres de autores entre punchlines.

De esta forma, la batalla pareciese ser una excusa para lograr debatir esas temáticas entre todos, pero de modo tácito, y eso es lo increíble de este evento, que por muchas personas que vayan, a medida que van rimando, parece ser que es todo un frente unido y empoderado desde la razón y la lucha. Esto esta bueno en especial cuando, al hacer una panorámica, podemos ver, a esos viejos que siempre dicen “la juventud está perdida” boquiabiertos, así como también a los más pequeños que miran ansiosos y con ganas, ser jóvenes. Además, no solo los de afuera se dan cuenta de lo que está pasando, muchas veces, los mismos participantes, entre la presión de la competencia y una rima que no cae, recurren al acote fácil, pero acto seguido se traban casi como por instinto al haberse dado cuenta del error que habían cometido que iba a ser tomado en cuenta por el jurado.  Quizá, esto que voy a marcar no debería haberme llamado nunca la atención, espero que en el futuro sea lo normal, pero se nota que este evento es inclusivo de ver que hay más pibas rapeando de las que vi jamás en competencias (y que además la descosen), incluso hay dos juradas. Estas cosas son los fieles reflejos de los frutos que va dando este evento apenas ya en su cuarta edición.

A eso de las 7 y media, el semicírculo de gradas del anfiteatro se iba llenando cada vez más de gente que se acercaba como moscas a la luz, el sol estaba bajando y se estaba empezando a notar el cansancio de haber estado expuestos al calor. La gran final llego a eso de las 8 y la ganó Pequeño Efes, que se llevó pilcha nueva para su casa, luego de medirse mano a mano con una aguerrida Roma. Luego del anuncio y teniendo en que al día siguiente se madrugaba, muchos comenzaron a emprender la vuelta, así como también unos pares se quedaron en una ronda de cypher rimando contra el sistema sobre una guitarra que hacía de beat. Y así, casi sin darnos cuenta, todos nos volvimos pensando alguna que otra cosa nueva, de esas que la escuela no enseña. Sin duda habrá una próxima, así que estaremos bien atentos a la cuenta de instagram de Pueblo Rapper para saber cuando se viene la quinta edición de este hermoso proyecto.

Instagram: @pueblorapper

Por Santiago Sammartino

@samezo.docx

Agradecimientos: A Gonzalo Vizan.