Urbanse, todo que ganar.

El lunes 23 de octubre el rapero argentino José Guevara, mejor conocido como Urbanse, presento su último trabajo audiovisual filmado durante su presentación en Palermo Club el pasado 19 de septiembre.

Miembro de la Conexión Real, con algunos discos en su haber como lo son «Puño Arriba», «Rebelión Poblacional»,  y su más reciente álbum, «Literal». Freestyler de esos que buscan el acote ingenioso y por sobretodo escritor como pocos dentro de los muchos que irónicamente apuestan a la escena lírica. Con este prontuario nadie puede dudar que el Urban se haya ganado el título de representante de la cultura argentina. Sin embargo, lejos de conformarse, nos dice (sobre una hermosa caja crujiente) que todavía está todo por ganar. 

El vídeo no es ninguna ficción guionada a la que nos acostumbran los artistas, es un retrato del directo que se vivió esa noche en Palermo Club. Con cuatro cámaras, edición y una masterización profesional que resaltan un estilo propio, deja en claro que la calidad sigue siendo lo más importante a la hora de transmitir, sea en un hermético estudio o en un ruidoso concierto.

Ahora, reflexionando, ¿Qué nos dice tener los recursos para hacer un videoclip y documentar un vivo? ¿Cuál es la intención detrás de esto?; ¿Economizar el tiempo y matar dos pájaros de un tiro?, ¿O será que lo que falta son espejos hacia la calidez que brinda el vivo? Lo cierto es que la tecnología, que tanto nos ha dado, también nos ha compactado el movimiento en pantallas, lo que nos ha hecho culturalmente sedentarios. La verdad, es que no hay cultura en las visitas ni en las estadísticas porque cuando hablamos de movimiento, hablamos de saltar, escuchar, bailar, emocionarse, poner el puño arriba y observar como DJ Destroy Arms  hace magia con las manos sin que podamos entender  el truco.

Argentina necesita más «Urbanses», menos cuento, más  literal. Dejemos de esperar que los artistas suban  coberturas profesionales de sus vivos. Si estás leyendo esto asegúrate que la próxima vez que lo hagan al menos  puedas decir «yo estuve ahí”.

Por Santiago Agustín Sammartino